¿Has pensado en cambiar tu destino?

¿Dudas sobre la elección que hiciste al escoger tu profesión?

¿Te has cuestionado quién eres y qué pasó con la mujer que querías ser?

Estas son preguntas que han rondado mi mente desde siempre.

Muchas de nosotras nos hemos encontrado de frente con la certeza de que hemos llegado a un lugar en nuestra vida dónde ya no sabemos porqué estamos ahí.

Pensamos que es un sentimiento pasajero, pero pasado mucho tiempo continúa en nosotras.

Nos hemos resistido al deseo de investigarlo porque pensamos que es más fácil quedarse dónde se está, dónde todo ya es muy conocido y seguro…

Hasta que llega un momento en que no se puede sostener más y debes de empezar hacer algo.

Así es como comienza el camino a la reinvención.

¡Pero un momento!

esto ya te ha pasado varias veces en  tu vida.

Ya has querido cambiar tu destino

Si te detienes unos minutos a repasar tu historia en tu mente te darás cuenta que tal vez hace muchos años atrás atravesaste algo así cuando, por ejemplo, cambiaste de trabajo por primera vez, te mudaste a vivir a otra ciudad, o país, o cuando terminaste esa relación y decidiste volver a empezar.

Pues bien,
me alegra saber que ya hayas pasado por esto y que te puedas sentir identificada con el proceso.

 

 

Voy a reinventarme, otra vez.

 

Quizá tú ya has querido cambiar tu destino en el pasado pero no lo recuerdas.

Yo he vivido este proceso varias veces y no he sido consciente de todas mis re-invenciones.

Por muchos años me perdí en el día a día y dejé a un lado mis verdaderas aspiraciones.

En el camino olvidé escuchar mi voz interior y estuve en automático.

Ahora que han pasado muchos años vuelvo a sentir el llamado para reinventarme, tenía muchas preguntas alrededor de este tema porque pensaba erróneamente que debía quedarme dónde estaba y que el cambio ya no era permitido para mí.

Pero quiero decirte algo que me hubiera gustado mucho que me digan a mí en cualquier etapa de mi vida:

tienes permiso para hacer y ser todo lo que quieras,
cuando quieras y cómo quieras,
siempre que te haga feliz,
sigue todos los llamados de tu corazón que para eso estás en este planeta,
tú sólo has venido aquí para eso.

Que esta sea tu mayor verdad. No hay nada que no puedas hacer.

Honra siempre el cambio.

 

 

Cuando ponemos etiquetas.

 

Desde que somos muy pequeñas vamos creando nuestra identidad con información que captamos de nuestro exterior.

Esta información puede provenir de nuestro entorno familiar, de la sociedad en la que crecimos o de lo que vimos en los medios de comunicación.

Simplemente absorbemos toda esta información como esponjas y las clasificamos como “buenas” o “malas”, cuando en realidad nada es bueno o malo, todo simplemente ES.

Esta percepción de bueno o malo hace que pongamos etiquetas, como por ejemplo:

Si eres mamá no puedes hacer lo que te apasiona.

Al casarte, poco tiempo le puedes dedicar a tu desarrollo personal o profesional.

Si ya te graduaste y llevas varios años trabajando no puedes cambiar de profesión.

Si ya no te gusta lo que haces, no debes cambiar porque el cambio no es seguro y necesitas seguridad.

No puedes volver a empezar porque ya tienes cierta edad.

Si ya has hecho varios años algo, hacer algo totalmente diferente está mal.

Decidir por algo totalmente diferente a lo que hacías, puede decepcionar a los demás.

Está mal que cambies, porque dejas de ser la que todos pensaban que eras.

 

¿Te sientes identificada con alguna?

Esta lista puede seguir eternamente, y lamentablemente es muy común que nos pongamos etiquetas que después de mucho repetirlas las hacemos nuestras identidades.

Dejas de ser mujer libre y haces de esa identidad tu verdad.

Olvidas que eres la dueña de tu destino y temes cambiar tu destino.

 

 

En algún momento de tu vida te olvidas que tú puedes ser, quién tú quieras ser.

 

Cuando yo era una adolescente sentía dentro de mí que no era igual a las demás y siempre pensé que había algo malo en mí.

Este sentimiento me llevó a acoplarme al sistema sin ni si quiera cuestionarlo, porque era antinatural si lo hubiera querido hacer, todos ya tenían expectativas sobre mí y mi futuro.

Tal vez nadie me lo dijo directamente pero las reglas estaban muy claras.

Yo no quería decepcionar a mis padres y mucho menos ser señalada por la sociedad.

Tenía 17 años y ya tenía que haber decidido la carrera universitaria, la universidad y sobre todo, tenía la certeza de que a eso me iba a dedicar toda mi vida.

 

Tu identidad no te impide cambiar tu destino

 

Después de graduarme de la universidad ya tenía varios años ejerciendo mi primera carrera; a pesar de que era muy infeliz.

Ya tenía bien creada mi identidad:

era una muy buena ingeniera con una sorprendente experiencia laboral, mis jefes me adoraban, tenía un futuro prometedor.

Invertí mucho tiempo y energía en mantener mi identidad, esa identidad.

Para el mundo entero yo era una ingeniera, me reconocía a través de eso y lo tenía que mantener hasta el fin.

Este pensamiento hacía que yo rechazara mis verdaderos sentimientos acerca de mi profesión y llegué a pensar que tal vez yo estaba equivocada.

Nunca me detuve a pensar que esto era sólo una etapa, que yo podía cambiar la dirección de mi vida cuántas veces yo quiera y que lo mejor era reinventarme.

Cada día que pasaba yo era más infeliz.

Y mantener esa identidad viva me estaba costando mucho.

Pero al mismo tiempo tenía miedo a detenerme a identificar qué me estaba pasando.

 

 

Mantener una identidad que ya no resuena contigo duele, y duele mucho

 

Querer ser quién no quería ser me causó mucho dolor.

No sólo el hecho de fingir que me gustaba mi profesión me dolía.

También me dolía el pensamiento erróneo de que había fallado al escoger la carrera que debía seguir toda mi vida.

Muchos años fui muy dura conmigo misma porque no me perdonaba el hecho de haber fallado al escoger mi carrera.

Como si el hecho de cambiar de opinión, es un error.

La escogí cuando tenía 17 años…

¡A esa edad ni siquiera sabía que color quería pintarme las uñas!

Así que claro que puedo cambiar, así como tú también puedes cambiar tu destino las veces que sea.

La identidad de un momento específico de tu vida no te determina por siempre.

 

 

No hay nada malo en mí, ni en ti.

 

La historia que te compartí es sólo una de las varias veces que me he reinventado.

Realmente esa fue la primera vez que decidí cambiar mi destino y, cómo toda experiencia que se vive por primera vez, esta fue muuuuuuy abrumadora.

Muchos años después de eso comprendí que nada es fijo.

Todos cambiamos todos los días y nadie es igual a nadie.

Cada una de nosotras tiene un sueño diferente que no debería de ser juzgado por nadie y este sueño puede cambiar muchas veces.

Tú puedes cambiar tu destino las veces que lo desees y necesites.

Reinventarse se ha convertido en parte de mi vida, ahora estoy muy consciente de mi camino y me di cuenta que el cambio es inevitable.

Es más, te puedo decir que vivir es cambiar.

La vida es más memorable si abrazas los cambios y te reinventas a través de ellos de una forma pacífica.

 

 

Lo que puede pasar en tu proceso de cambio

 

Ahora empieza la parte más divertida:

el inicio de tu proceso de cambio.

Cómo cada una de nosotras somos totalmente diferentes, debo decirte que no hay un manual con pasos a seguir de como reinventarse.

Pero en base a mi experiencia te voy a compartir una lista que me ha servido mucho en mis procesos, sobre todo al inicio que es la etapa más confusa.

1. Hazte consiente y acepta lo que te está pasando. Pregúntate cómo te sientes. Pregúntate qué es lo que necesitas realmente. Respóndete desde el presente. Escríbelo.

 

2. Durante el proceso vas a sentirte perdida muchas veces, pero de una vez quiero decirte que eso es muy normal y que está bien.

 

3. No esperes la aprobación de nadie. A veces muchas personas podrían decirte que lo que vas hacer está mal, incluso podrían decirte que no lo deberías de hacer. Este proceso es sólo tuyo, no necesitas validación externa. Por favor no la busques.

 

4. Dentro del proceso puedes cometer errores y está muy bien. Los errores no son errores realmente, son sólo períodos que debes de pasar para evaluarte e investigar qué es lo que te quieren enseñar para poder redirigirte. Los errores o los caminos equivocados nos enseñan a ser mejores.

 

5. Siempre recuerda que debes de escuchar a tu corazón, parece una frase muy trillada pero es muy cierta, a veces la mente racional nos juega en contra y te puede hacer tambalear. El trabajo de la mente es que estés siempre segura y es adversa a los cambios. Para detener esto puedes utilizar herramientas para educar a tu mente, como por ejemplo la meditación.

 

6. No dejes de confiar en ti y en el proceso. No todo va a ser color de rosas pero debes de confiar mucho en que esto es sólo por tu bien. Eres un ser único y está muy bien no querer complacer siempre al resto. Esfuérzate cada día de tu vida con serle fiel a tus sentimientos y acéptate toda con tu luz y tu oscuridad.

 

7. No importa el tiempo que te tomes en llegar dónde quieres llegar. Lo más importante no es llegar, lo más importante es lo que te aporta el camino. El destino es el camino.

Esto recuérdalo siempre para que te mantengas trabajando desde el presente y no te obsesiones con los resultados. Recuerda que no hay nada bueno o malo, todo lo que pasa debe de ser así porque atrás de eso hay algo más grande que nosotros que dirige todo. Esto te ayuda para soltar, dejar el control y sobre todo confiar. Muchas veces dónde quieres llegar cambia a algo mucho mejor que tú no lo sabías al inicio. Confía.

 

8. Observa tus pensamientos. Muchas veces puedes tener creencias que te podrían limitar, identifícalas y cuestiónalas.

 

9. Tienes que estar dispuesta a cambiar. El cambio es primordial y podrías cambiar desde hábitos hasta círculo de amigos.

 

10. Si ha pasado algún tiempo y no has conseguido nada, no te desanimes. No es un retroceso en el camino, tal cosa no existe. Cada paso que das te enseña algo que debías de saber.

 

11. Busca momentos para ti. El auto-cuidado es muy importante en este proceso porque te ayuda a estar conectada contigo y eso es lo que más necesitas. No te olvides de ti. Puedes hacer algo muy sencillo como una caminata en la playa, o ir a darte un masaje.

 

12. Reúnete con personas alineadas a ti, que te apoyan y te acompañan en tu proceso positivamente.

 

13. Ten mucha paciencia, con perseverancia se logran muchas cosas. La práctica hace al maestro.

 

14. Identifica tus fortalezas y dones. Puedes escribirlos y tenerlos a la mano para que los leas constantemente y te motives. Recuerda que es tu camino y tu fan número uno debes de ser tú.

 

15. Lee e investiga historias de vida de otras personas que se han reinventado también para que sean para ti un ejemplo a seguir.

 

16. Se muy sincera contigo misma y con el mundo. No pierdas energías tratando de sostener máscaras. Muéstrate tal cual estas siendo en ese momento aunque no sea un buen momento. Ser honesto es muy liberador.

 

17. Delega. Recuerda que aunque tengas muchas ganas y muchas fuerzas, no vas a poder hacer todo tú. Pide ayuda cuando sientas que la necesites.

 

18. Debes de ser muy disciplinada. Reinventarse requiere que hagas mucho trabajo interno para llegar a dónde quieres llegar. Para eso necesitas tener rutinas diarias de trabajo, descanso y de autorreflexión. En este tiempo puedes evaluar como estabas, como estás y hacia dónde vas.

 

Finalmente debes de tener por sentado que lo más importante para ti es tu bienestar, es tú vida la que se reinventará.

Muchas personas podrán decirte que has cambiado, que te has alejado o que ya no te conocen.

Quiero que sepas que es probable que eso sea verdad porque este proceso te va a llevar a ser otra persona, pero lo más importante de todo esto es cómo te sientes tú.

 

Con amor.

María José