Hoy tengo el gusto de compartirles una carta que ha escrito mi madre, una abuela empoderada.

Y, aunque he nombrado este artículo como «Carta de una abuela empoderada» debo confesarte que para mí es más como la carta de mi mejor amiga y al mismo tiempo la carta de la mujer que más admiro y amo.

 

Para que la conozcas un poquito quiero contarte que mi madre es la mujer más activa que yo he conocido.

La he visto jugar futbol con mi sobrino y la he visto correr ágilmente.

La he visto hacer ejercicios de pilates con mi sobrina, así como la he visto tejer, cocer y cocinar como si nunca se cansara.

Hace poco compartí con ella y mi último sobrino y la vi enseñándolo a caminar.

Siempre con esa energía, ese positivismo y ese gran amor que la caracteriza.

Y por supuesto, veo como llena de amor a mi pequeña hija con cada canción, caricia o cuento que comparte con ella.

Somos, sin lugar a duda, las más afortunadas de tenerla en nuestras vidas.

 

Sé que ella es una abuela empoderada cuyos hijos y nietos se sienten sumamente orgullosos.

Pero antes que nada, ella es mujer y me ha enseñado el valor no vivir bajo ningún rol, sino de vivir con objetivo.

 

Ella me compartió estas palabras como inspiración sin esperar que las fuese a publicar de esta forma.

Pero yo me siento muy honrada y orgullosa de compartir contigo las palabras de mi madre.

Aquí tienes:

 

El testimonio de una abuela empoderada

 

«Querida amiga que me lees,

hoy quiero hablarte de la constante lucha en la que vivimos las mujeres por demasiados años.

 

Una lucha que nos ha llevado a perder nuestra propia esencia y naturalidad.

 

Estamos viviendo de forma antinatural, tratando de encajar en los estándares que dicta la sociedad sobre el

«deber ser femenino»

que nada cumple con nuestros propios estándares o deseos personales femeninos.

 

Esta lucha nos ha llevado a no aceptar nuestro cuerpo tal cual es.

A vivir a la defensiva y ofensiva con todos, a tratar de siempre complacer a la sociedad anteponiendo nuestros ideales.

 

Y, hoy por hoy, muchas mujeres estamos descubriéndonos y al hacerlo nos empoderamos

El miedo está presente, pero no paraliza

 

«Sé que muchas veces sentimos miedo.

 

Ese miedo a lo desconocido que nos puede hacer sentir paralizadas.

Pero no es así.

 

Todo cambia al ver que nos vamos empoderando, sentadas algunas veces, en círculo, tomándonos un café, usando faldas cortas,  largas, chales, sombreros, riendo, danzando, siendo libres y plenas.

 

Cuando estamos reunidas las mujeres no estamos ideando, como equivocadamente dice la sociedad, un complot, ni algún plan maquiavélico en contra de los hombres.

 

Estamos sanando y reconciliando todo ese rencor, desconfianza y miedo que sentíamos hacia ellos.

 

Deseamos que los hombres sean nuestros complementos, tener una relación de pareja abundante y próspera caminando junto a ellos.

 

Es una vivencia que ha sido impresa no solo en nosotras si no en nuestra madre, abuelas y mujeres ancestros y en muchas mujeres del planeta.

 

Cuando menstruamos no debemos tener  miedo, pues somos cíclicas.

Y cuando nos descubrimos abiertas a llevar y vivir una menstruación consciente la mujer interior se conecta con la luna, con la tierra, y con mis semejantes y nos sentimos maravillosas y únicas.

 

Cuando descubrimos que somos fuertes no debemos tener miedo.

 

Esa fortaleza que nos lleva a dar a luz un hijo.

 

Es la misma fortaleza que nos lleva a alcanzar nuestros ideales por nosotras mismas sin buscar crear una lucha de poderes, ni con los hombres, ni con nadie.

Esa fortaleza es para nosotras mismas.

Creando una mejor sinergia para nuestros planes y proyectos de vida interior.»

 

La satisfacción de vivir como una mujer empoderada

 

«Amiga, cuando estamos conscientes de nuestro empoderamiento estamos descubriendo nuestros talentos, dones y virtudes.

 

No tenemos miedo a descubrir que quizás el trabajo de oficina no nos gusta,
pero sí nos gusta despertar nuestros dones creativos.

 

Quizás descubrimos interés por la cocina y la repostería,
o danzar, o la pintura,
o el aprender sobre la medicina de las plantas,
quizás recorrer zonas arqueológicas, o cantar.

 

Cuando descubrimos que nos apasiona la vida, y potenciamos nuestros dones y talentos, nos abrimos al mundo.

 

Así aprendemos a hacer lo que nos gusta y a confiar en que a través de ello generamos abundancia.

 

Así que cuando nos empoderamos aprendemos a no a hacer lo que le gusta a la sociedad.

 

Sino lo que nos gusta a nosotras mismas.

 

Y eso nos da más oportunidad de mantener vivo el calor de hogar.

Para que cuando lleguemos a casa nos sientan alegres, plenas, seguras y, sobre todo, que sintamos que ese agradable Calor de Hogar proviene desde nuestro Yo interior.

 

Que este empoderamiento nos lleve a expresar todo lo que pensamos, creemos, sentimos y queremos.»

Empoderarse es sentirse a gusto con una misma

 

«Querida amiga,

no sintamos miedo si de pronto descubrimos que el ser radiante no está en tener cuerpo de modelo, ni vestir como maniquí de aparador.

Sino en poder sonreír siendo quienes somos y aceptándonos tal cual somos.

 

No tengamos miedo si nos sentimos plenas, felices, serenas y relajadas, pues a esto nos ha llevado nuestro empoderamiento.2

 

El empoderamiento femenino no pretende menospreciar a los hombres

 

«El empoderamiento femenino nada tiene que ver con pisotear, sobajar ni menospreciar al hombre. Ni como hermano, ni como amigo, ni como padre, ni como hijo.

 

Tampoco tiene con ver con desvalorizar sus dones y talentos los cuales honramos y bendecimos.

 

Valoramos esas fortalezas porque así, juntos, tomamos nuestro poder, y de pronto, veremos que juntos podemos hacer realidad cualquier idea o proyecto.

El empoderamiento femenino nada tiene que ver con tachar al patriarcado de malvado y cruel.

 

Sino que retoma nuestros dones para habitar en armonía con nosotras mismas, con la vida, con los hombres y mujeres del planeta.

 

Tampoco tiene nada que ver con ser la contraparte del machismo.

Ni crea una lucha interminable de géneros, ni busca usarlos, ni sacar provecho personal.

 

Es conocernos a nosotras mismas.

Amarnos intensamente, redescubrir lo valiosas que somos y lo valiosas que son otras mujeres.

 

Y somos valiosas por esencia.

No por tener un cuerpo a lo que la sociedad le llama perfecto, porque cada ya es bellamente perfecto.

 

Empoderarnos es pedir y otorgarnos un respiro y un tiempo para estar con nosotras mismas y con el círculo al cual pertenecemos.

 

Es un espacio para poder reconciliarnos con nosotras mismas y luego con las demás mujeres del planeta.

 

Para así, después poder reconciliarnos con los hombres de nuestras vidas. (padre, hermanos, pareja, compañeros de trabajo, etc)

 

Quiero que tomes conciencia de que el  empoderamiento femenino nada tiene que ver con usar al hombre como semental y después excluirlo.

Sin él a nuestro lado llevando una sexualidad no hay vida.

Así como la tierra sin la lluvia que cae del cielo no da vida.

 

Entonces sería absurdo pensar en empoderamiento no dándole al hombre su lugar pues debe ser nuestro compañero sagrado.

 

Nuestro complemento a nuestra parte más sagrada.

 

Pues cuando nos empoderamos sanamos, y al sanarnos nos reconciliamos y nos integramos, hombre y mujer, en respeto, humildad y amor y podremos juntos, transformar y sanar.»

 

El abrazo fraterno de una abuela empoderada

 

«Con amor y gratitud por ser parte de la vida, te mando a ti, querida amiga, un fuerte abrazo de corazón a corazón.

 

Espero que este mensaje resuene en cada mujer que vive su proceso de empoderamiento.

Y también que llegue a los abuelos, a los padres, a los hermanos, a los compañeros de vida y a todas nuestras parejas de este hermoso planeta llamado Tierra.»

 

 

Pd: No olvides dejar tu comentario, estoy segura de que a mi mami le encantará leerlo.

Y te aseguro que ella lee TODOS los comentarios.

Mariela