Es hora de hablar de verdad (y con mucho amor detrás) sobre la codependencia.

Quise escribir de este tema porque creo que normalmente no se suele hablar con sinceridad sobre este tema.

Y creo que la mayoría de las personas desconocen el papel que tienen en su propia codependencia.

No soy experta en este tema, ni pretendo serlo y no tengo la verdad absoluta.

Me siento muy responsable de mi historia y de sanarme a mí para poder hablar desde un mejor lugar.

Por eso siento que es mi responsabilidad también poner estos temas sobre la mesa para que tú decidas profundizar o dejarlo pasar.

Y yo sé que el trabajo de profundizar es difícil.

Es un cambio de vida, pero si pudiera darte un consejo sería que vale totalmente la pena.

Totalmente.

Bien, ahora voy a empezar por explicarte básicamente lo que la codependencia es.

También te contare mi experiencia personal y al final del artículo te daré algunos consejos que te podrían apoyar en tu propio proceso de sanación.

Aquí vamos.

 

¿Qué es la codependencia?

 

La codependencia es una condición psicológica en la cual alguien manifiesta una excesiva preocupación por las dificultades de alguien más o por un grupo de personas.

El codependiente suele olvidarse de sí mismo y sus necesidades gradualmente, para centrarse en los problemas del otro (su pareja, su familia, un amigo, una causa social, etc.).

Es por eso que es muy común que el codependiente se relacione con gente «problemática».

Justamente para poder rescatarla y crear de este modo un lazo que los una.

Trae un ciclo de caos que distrae.

Es común que las personas codependientes se presenten como miserables o «cansadas» del ciclo, pero la realidad es que el cóctel químico de adrenalina y cortisol que se produce en el cuerpo a causa de la montaña rusa de emociones es altamente adictivo.

Incluso si encuentran una separación temporal de la persona o las personas, tendrán un gran deseo inconsciente que le harán volver a repetir el ciclo.

Han entrenado su mente y cuerpo a través de la repetición por mucho tiempo.

 

 

Cómo se siente vivir en codependiencia

 

La única forma en que puedo describir lo que se siente vivir en codependencia es una hipervigilancia constante alrededor de otras personas.

Cómo se sienten.

Cómo me están haciendo sentir.

En codependencia, todo se externaliza.

Es por eso que las personas que lo experimentan están tan desconectadas de sus propias emociones e intuición.

¿Cómo podemos ser cuando nuestro enfoque siempre ha estado fuera de uno mismo?

El patrón es muy difícil de romper porque las personas codependientes habitualmente se descuidan a sí mismas.

Sus necesidades y deseos son irrelevantes.

Su bienestar no tiene importancia.

Y su identidad está completamente envuelta en otra.

Es una relación dinámica poco saludable.

Incluso si la persona se está dañando a sí misma y a la persona codependiente, el cóctel químico que producen las emociones es más poderoso.

Esta es una razón por la cual las personas se encuentran en la misma relación una y otra vez.

No han curado esa adicción.

En lugar de encontrar autoestima, la relación codependiente permite un escape.

Un ciclo familiar que tiene una atracción adictiva tanto en la mente como en el cuerpo.

 

Dónde aprendemos a ser codependientes

 

Aprendemos temprano a través de nuestros propios cuidadores (padre, madre, abuelas, abuelos, tías y tíos, etc.), que somos responsables de las emociones de los demás.

Esto nos lleva a ser “complacedoras seriales” y cultiva el camino perfecto para traicionarnos a nosotras mismas una y otra vez.

Gestionar los estados emocionales de los demás se convierte en un trabajo a tiempo completo.

 

Mi curación de la codependencia

 

Mi proceso de curación de la codependencia fue una parte muy importante de mi proceso de crecimiento emocional y espiritual.

En realidad yo no tenía idea de que era se codependiente.

Creo que lo vi siempre como muy normal.

No fue hasta que comencé mi transformación del despertar que tuve conciencia de mi propio condicionamiento.

Cuanto más presencié la dinámica de mi familia y relaciones, más disfunciones vi.

No hubo límites.

Hubo un comportamiento de control disfrazado de preocupación.

Mi ego no quería enfrentar que la conducta aprendida de mi infancia se manifestaba en mi vida adulta.

Yo era profundamente codependiente.

Estaba repitiendo lo que había visto en los adultos de mi infancia tal y como los humanos siempre solemos hacer.

 

Poner limites para romper con la codependencia

 

El siguiente paso tras identificar el problema fue poner límites

Poner y sostener límites sanos fue para mí muy revelador.

Fue doloroso e incómodo y al mismo tiempo fue muy placentero y liberador.

Para mí significó atravesar por emociones muy diferentes desde confianza y autonomía hasta mucho miedo e incertidumbre.

Poner límites es un proceso, al inicio te das cuenta que te has estado traicionando por mucho tiempo y te sientes muy disgustada contigo misma.

Esto te da la confianza para levantarte y poner los límites que necesitas.

Y cuando lo haces te encuentras con mucha resistencia porque las personas con las que te rodeabas no lo tienen claro y lo toman como un ataque personal, lo cual puede generar en ti sentimientos como culpa, tristeza, rechazo y soledad.

La práctica hace al maestro.

Con el paso del tiempo poner límites es muy normal y los sentimientos negativos que pudiste haber tenido simplemente se van.

Quisiera que pudieras sentir el bienestar que siento yo cuándo te digo lo mucho que vale la pena haber hecho todo esto y te invito a que tú lo hagas también.

 

Necesitamos sanar las codependencias

 

El mundo necesita más gente sanando sus codependencias.

Cuando hacemos el trabajo interno y aceptamos que nuestro pasado está jugando un rol inadecuado en el presente, el proceso de sanación puede ser desordenado, aterrador y abrumador.

A medida que hacemos este trabajo, nos abrimos a una nueva forma de ser en nuestras relaciones.

Cuando sanamos podemos ver a las personas como realmente SON y acabar completamente con esta distorsión.

Si las personas no necesitan arreglarnos o salvarnos, y si nosotras no necesitamos arreglar o salvar a nadie, podemos ver a las personas que amamos.

Verlas de VERDAD.

Y permitir que nos vean también.

Por eso tenemos que sanarnos de nuestro propio abandono.

Necesitamos límites. Autocuidado.

Necesitamos aprender quiénes somos sin desempeñar el papel de cuidador o salvador para recibir amor o autoestima.

Es hora de sentirnos cómodos con ser malentendidos.

Necesitamos desaprender y aprender nuevamente lo que realmente debemos hacer para formar una conexión auténtica con las personas.

 

Empezando hacer el trabajo para sanar

 

Quiero compartir contigo tres consejos para crear límites según la psicóloga Nicole LePera (La Psicóloga Holística).

Adoro el trabajo de ella, ya que como ella misma lo explica en la entrevista que le hicieron para la revista Forbes, el principal problema con la práctica de la psicología clínica tradicional es la disociación entre la mente y el cuerpo.

En el artículo comentó también:

“El principal problema con la psicología clínica es la falta de empoderamiento. Ahora les estamos mostrando a las personas el poder de la elección, los hábitos y el entorno que pueden cambiar si hacen el trabajo.”

Hacer el trabajo para sanar es tú responsabilidad.

Nadie lo va hacer por ti porque nadie puede vivir tu vida por ti.

Te invito a que lo inicies, no te vas arrepentir.

 

Tres consejos para crear límites según la psicóloga Nicole Lepera (Psicóloga Holística)

 

  1. Comprender que los sentimientos de las personas no son tu responsabilidad:

La creencia subyacente cuando hacemos cosas para que otros se «sientan» mejor es que somos responsables de cómo se sienten las personas.

A algunas personas no les gusta escuchar «NO».

Otras personas pueden pensar que eres «egoísta» o «grosera».

La forma en que las personas se sienten acerca de tus acciones se basa en sus propias experiencias previas en el mundo.

Tienen poco o nada que ver contigo.

No eres responsable de los sentimientos que ellos tengan.

 

  1. Di NO y luego aléjate:

La razón por la cual las personas no pueden mantener los límites es por cómo reacciona la persona con la que intentan establecer el límite.

Es increíblemente importante decir «NO» y luego alejarse de esa persona.

Puede significar apagar tu teléfono o ir a tu habitación y cerrar la puerta.

El propósito de poner límites es que te sientas bien al decir no.

Para hacer eso, debes bloquear todas las respuestas.

 

  1. Deja que las palabras sean la segunda acción:

Los humanos son criaturas verbales.

Estamos acostumbrados a expresarnos principalmente a través de las palabras.

Los límites son desafiantes porque implican acciones de seguimiento.

No solo tenemos que hacer algo diferente, sino que debemos evitar el deseo de explicar en exceso, disculparnos o racionalizar nuestras elecciones a otro.

Necesitamos comprometernos con nuestra acción decidida (o inacción, dependiendo de la situación) y evitar la tendencia a hablar para justificarnos.

A veces esto significa comunicarnos de manera no verbal a través de nuestras acciones.

Es importante comprender que tener y mantener límites es una habilidad.

Se necesita mucha práctica, pero la recompensa es que algún día será muy natural.

Las personas con límites claros viven la vida más satisfactoria.

 

Espero que te haya podido inspirar para que empieces a vivir una vida mejor, la vida que realmente te mereces.

 

Con amor

 

María José