Como regalo especial por el 4to aniversario de Historias para Mujeres te regalo el siguiente relato corto

 

 

 

Él ya no tiene poder sobre mi

 

Escrito y publicado por Mariela Sánchez
Todos los derechos reservados

 

 

„Un corazón no es juzgado por cuánto amor da , sino por lo mucho que es amado por otros»
FRANK MORGAN

Capítulo 1

 

Porque no lo dejas de una vez por todas – dijo Renata a su amiga.

No es tan fácil – contestó Pamela con los ojos llenos de lágrimas e intentando sobreponerse continuó

Creo que estoy exagerando, hoy estoy más sensible de lo normal.

¡No estás exagerando! – exclamó Renata

Todo lo contrario, no estás haciendo lo suficiente, debes dejar de culparte a ti misma y debes dejar de justificar a Daniel, date cuenta de lo terrible que es todo esto para ti y aléjate de él, te lo pido.

Renata estaba angustiada al ver a Pamela así, cada día la veía más triste y se le hacía más difícil escuchar las historias de la relación tormentosa que ella mantenía con Daniel.

Ellas habían sido amigas desde la infancia, crecieron juntas y jamás la había visto actuar así.

Esta historia empezó seis semanas atrás cuando Pamela conoció a Daniel en una fiesta, él parecía ser el alma de la fiesta, bebía con un grupo de amigos y cada cierto tiempo bailaba desinteresadamente con alguna chica.

Pamela estaba a pocos metros de él con su grupo de amigas de siempre.

Ella vestía un pantalón gris apretado combinado con unos zapatos altos y un top azul oscuro de chiffón.

Debido al calor del bar, llevaba su cabello largo recogido en un moño alto que resaltaba su cuello adornado por un sencillo collar plateado del que colgaba una pequeña perla rosada.

Daniel llamaba la atención con su voz y risa fuerte y Pamela no pudo evitar mirarlo sonriente desde lejos.

Él notó que ella lo mirada y la sonrió directamente causando que Pamela se sonrojara. Ella bajó automáticamente la mirada e intentando disimular buscó conversación con una de las amigas que estaba con ella.

Mira disimuladamente detrás mío – dijo Pamela a Renata – ¿vez a algún chico mirando hacia aquí?

Si, y ahora está viendo que lo estoy viendo – contestó Renata entretenida – ¿qué pasa, lo conoces?

¡No! No tengo idea quien es. – contestó Pamela avergonzada.

No te preocupes, ya mismo lo vas a conocer, está viniendo hacia nosotras – dijo Renata antes de alejarse lentamente.

Pamela reaccionó e intentó tomar a su amiga de la mano para que no se alejara, pero fue demasiado tarde. Fingió entonces estar distraída con su bebida y Daniel la interrumpió.

Llevas demasiado tiempo con ese vaso, el agua se va a calentar si la sigues teniendo en tus manos.– dijo Daniel señalando el vaso que Pamela tenía en su mano izquierda.

¿Disculpa? – preguntó Pamela

Te disculpo, aunque no has hecho nada malo, al menos no todavía – contestó Daniel coqueteando.

Pamela lo vio seriamente y lo analizó.

Él tenía más atractivo bailando en medio de la pista del bar que parado frente a ella conversando.

Daniel tenía el cabello largo y unas gotas de sudor resaltaban en su frente. Tenía labios gruesos y sus ojos eran grandes, más grandes de lo normal pero no se veían en desproporción con el resto de su cara.

Desde lejos Pamela ya había notado que él era un hombre alto pero al tenerlo tan cerca notó por primera vez él usaba una camiseta apretada que revelaba un cuerpo musculoso.

Daniel era exactamente lo opuesto al promedio de hombres que se acercaban normalmente a Pamela y eso la ponía nerviosa.

No mal interpretes – dijo Daniel con todo defensivo – te he estado mirando y sé que sólo has ordenando agua. También sé que te gustó verme bailar y casi puedo asegurar que te gusta tenerme aquí parado frente a ti.

Asumes demasiadas cosas – contestó Pamela fríamente antes de beber el resto de agua que le quedaba en el vaso.

Si es que estoy equivocado no te alegrará saber que me acerqué a ti porque creo que eres hermosa y porque me encantaría bailar contigo. – insistió Daniel con un tono amable.

Él estaba parado muy cerca de ella, la veía detenidamente con sus grandes ojos y se mantuvo a la expectativa por unos pocos segundos.

Pamela lo miraba en silencio y sin ningún gesto en su rostro.

No recordaba la última vez en la que un hombre se había acercado a ella espontáneamente, mucho menos para decirle que era hermosa.

Está bien, quizá sí asumo demasiado. Te dejaré para que puedas seguir disfrutando de la noche y de tu agua. – dijo Daniel y empezó a alejarse.

Espera – dijo Pamela sin saber que más decir.

Ambos se quedaron viendo fijamente a los ojos y se quedaron paralizados un par de segundos.

¿Bailamos entonces? – preguntó Daniel extendiendo su mano hacia Pamela.

Ella asintió con la cabeza, estiró su mano y se dejó llevar por él.

Bailaron juntos el resto de la noche, Pamela se dejaba llevar y él disfrutaba de tener el control.

La tomaba firmemente y siempre que podía acariciaba su espalda y su cintura.

Cuando la música lo exigía se separaban un poco y en esos momentos él aprovechaba para rozar suavemente el rostro de Pamela y hacerle algún cumplido.

Casi dos horas más tarde Renata buscó a Pamela para marcharse, eran pasadas las dos de la mañana y sus pies le dolían de tanto bailar.

Renata hizo una señal a lo lejos y Pamela asintió mientras se disponía a despedirse de Daniel.

Dame tu número de teléfono – dijo Daniel mientras extendía su celular listo para agregar un contacto – te llamaré mañana.

Pamela no dudo ni por un segundo, guardó sus datos de contacto y devolvió el celular a Daniel. Él sonrió y la beso en el borde de la mejilla, lo suficientemente cerca como para poder sentir un par de milímetros de sus labios. Cruzaron una última mirada y ella se marchó con su amiga.

– ¿Qué fue eso? – preguntó Renata entre risas.

– Le di mi número de teléfono para que me llame – contestó entusiasmada Pamela antes de entrar al auto.

Ambas rieron con complicidad y empezaron su viaje de regreso a casa.

Capítulo 2

 

Una semana duró la conquista y Daniel y Pamela se hicieron novios, sin embargo después de un mes Renata criticaba fuertemente la relación de su amiga.

Desde el primer momento Renata no estuvo del todo de acuerdo con esa relación, creía que Daniel era un sujeto extraño y no le gustaba para su amiga. Ahora, al cabo de un mes de verlos juntos estaba totalmente en contra e intentaba insistentemente hacer que su amiga lo dejara.

Era domingo por la mañana y Pamela estaba en casa de Renata acompañándola porque Pamela la había llamado muy temprano y entre lágrimas le contó lo que había ocurrido.

Qué pasa contigo Pame, no te reconozco – dijo Renata a su amiga que estaba acostada en el sofá con los ojos hinchados.

Es solo un hombre, ¡un hombre con el que estás hace menos de un mes! Cómo es posible que estés ahí llorando en lugar de deshacerte de él y continuar con tu vida tranquila y feliz como siempre. Ni siquiera tienes que hacer algo, solo espera el momento en el que él te llame a pedir que lo perdones y cuando eso ocurra no le perdones, ni siquiera le contestes.

Tienes razón – murmuró Pamela – no debo volver con él.

Terminada la conversación las chicas se prepararon para relajarse.

Renata preparó té y vació un paquete de galletas en un plato, escogió la película que verían y se sentó junto a Pamela.

Renata estuvo el resto del domingo junto a Pamela porque creía que mientras más reconfortada se sintiera su amiga, más tranquila estaría y más fuerzas tendría para no aceptar a Daniel cuando regresase.

¿Vas a estar bien? – preguntó Renata a Pamela antes de marcharse.

Lo estaré, gracias por todo. – contestó Pamela con una leve sonrisa.

¿Estas segura que no quieres que me lleve tu celular?

Lo estoy, te prometo que estaré bien. Daniel ya ha llamado más de 10 veces y ninguna contesté. Ahora ya me voy a dormir y dejaré el celular en silencio. Estaré bien. – contestó Pamela con voz tranquila.

Está bien, recuerda mantenerte fuerte. Él va a seguir insistiendo y lo único que tú debes hacer es no contestar, no escuches sus justificaciones, no le des oportunidad, después de un par de días se olvidará y tú también. – le aconsejó Renata.

Las chicas se despidieron y una vez asegurada la casa, Pamela se recostó nuevamente en el sofá e inició la siguiente película.

En realidad no estaba interesada en ella pero necesitaba estar distraída con algo.

Veía su celular a lo lejos y rompía en llanto cada vez que sentía la tentación de levantarse a tomarlo.

Parte de ella quería perdonar a Daniel pero sabía que eso no era lo mejor para ella.

Esta era la segunda vez que ocurría lo mismo.

Un mal entendido causaba una discusión tan grande capaz de acabar con la relación.

El problema estaba en que Daniel era apasionado y expresivo en todo lo que hacía, pensaba y sentía.

Tenía demostraciones de amor por Pamela que superaban cualquier promedio; la sorprendía con flores en la oficina para invitarla a almorzar y enviaba obsequios sin ningún motivo.

Una ocasión pegó cientos de corazones de papel en el auto de Pamela mientras estaba estacionado fuera de un restaurante donde ella cenó con su grupo de amigas.

Daniel la llamaba por lo menos una vez al día para recordarle siempre que la amaba y todo el tiempo le repetía que jamás habría quien la ame como él.

Como resultado, la mayor cantidad de tiempo, Pamela se sentía encantada, nunca nadie había tenido tantos detalles con ella, le gustaba ser el centro de atención y que el resto de personas vieran, hasta con un poco de envidia, como su novio no tenía vergüenza en decir a los cuatro vientos cuanto la amaba.

La primera discusión había sido una semana atrás.

El jueves por la noche estaban ambos sentados en el sofá listos para ver un capítulo de la serie favorita de Daniel cuando él una vez más le dijo a Pamela que la amaba.

Ella le sonrió y se arrimó en su hombro sin darse cuenta cuán molesto había puesto a Daniel.

Él se exaltó rápidamente, le recriminó todo lo que él hacía por ella y con lágrimas en los ojos reclamó a Pamela el que ella fuese incapaz de contestarle que también lo amaba.

Pamela estaba convencida que los reclamos eran ridículos e injustos, intentó explicar su punto de vista a Daniel esperando que entrara en razón pero nada dio resultado.

Él insistió en los reclamos, culpó a Pamela de arruinar el momento y de no valorar ni el amor que él le daba ni la relación que tenían.

Finalmente entre gritos y llantos él se marchó cerrando la puerta agresivamente.

Pamela lo buscó y llamó incansablemente por dos días, le dejaba mensajes de voz pidiendo disculpas e intentando aclarar el mal entendido.

Él no apareció durante casi todo el fin de semana y el domingo por la tarde estuvo nuevamente en casa de Pamela.

Ella abrió la puerta y lo encontró de rodillas con un ramo de flores y una pequeña caja que decía ‘Lo siento’.

En menos de 5 minutos Pamela perdonó a Daniel por aquella escena ridícula y volvieron a estar aparentemente bien.

Había pasado apenas una semana de aquello y Pamela estaba nuevamente llorando sola en su casa.

Después de cuatro días llenos de detalles, de reconciliación y de estar juntos, el viernes habían vuelto a discutir.

Esta vez había sido porque ese día durante el almuerzo Pamela mantuvo su celular en silencio y no notó que Daniel la había llamado 5 veces.

Debido a aquella insistencia, el celular se quedó sin batería y se apagó.

Pasaron horas hasta que Pamela notara que su celular se había apagado y cuando lo volvió a encender llegaron varios de mensajes de Daniel acusándola de no querer contestar el celular a propósito y culpándola por arruinar la relación tan hermosa que tenían.

Pamela lo llamó varias veces y dejó mensajes de voz intentando explicar lo ocurrido pero no tuvo éxito.

En ese estado la encontró Renata y durante todo aquel domingo estuvo intentando convencerla que estaba equivocada, quería que su amiga entendiera que nada de lo ocurrido era culpa suya y que todo el drama que estaba viviendo era pura manipulación por parte de Daniel.

Capítulo 3

 

Las semanas siguientes las chicas no pasaron mucho tiempo juntas, Pamela estaba algo distante y aseguraba necesitar tiempo para pensar.

Por otro lado Renata pensaba que el distanciamiento se debía a Daniel, seguramente Pamela lo había perdonado y tenía vergüenza de contarle a su amiga.

Insistente telefoneó a Pamela para avisar que la visitaría esa tarde al salir del trabajo y no aceptó un no por respuesta.

Pamela accedió sin hacer mayores comentarios.

Ya en casa de Pamela las chicas conversaron por varios minutos para ponerse al día antes de que Renata preguntara sobre Daniel y lo que había ocurrido.

Pamela contó sobre entusiasmada que ya estaban bien, sin embargo, la ansiedad con la que Pamela se expresaba insinuaba que estaba haciendo un esfuerzo de convencer de ello no solo a su amiga sino también a ella misma.

Fue tan solo una reacción explosiva – dijo Pamela restando importancia al mismo tiempo que servía las tasas de café en la pequeña mesa de la cocina.

No lo es Pame, date cuenta, él busca justificaciones para culparte de todo y ahora ha logrado convencerte. Mírate, él se desaparece cada fin de semana y tú lo recibes cada lunes sin ningún problema – dijo Renata mientras caminaba agitada frente a Pamela.

No siempre es así, ayer por ejemplo, salimos juntos y pasamos muy bien.

Hasta la tarde que él se volvió a desaparecer. – contestó Renata intentando hacer que su amiga aceptara el problema que tenía.

No desaparece, sale con sus hermanos. Él también necesita un tiempo solo, los dos lo necesitamos, así yo me puedo tomar un café tranquila con mi amiga y él puede hacer sus cosas.- dijo Pamela pretendiendo una sonrisa al mismo tiempo que señalaba la mesa con las cosas listas.

Renata suspiro profundamente, ella nunca estuvo muy de acuerdo con Daniel, le parecía extraño y poco atractivo y no entendía cómo su amiga siendo tan hermosa podía estar con él.

Toda la historia le pareció desde un principio muy apresurada y lo peor de todo es que no soportaba ver a su amiga triste.

Ahora ella casi no lo demostraba, pero sus ojos tristes, su piel cansada y los varios kilos menos que tenía delataban su verdadero estado de ánimo.

Renata estaba sumamente frustrada, su mejor amiga, una mujer hermosa, amable e inteligente se estaba convirtiendo en una mujer con menos autoestima cada día, temerosa de opinar, frágil a la hora de discutir y estaba perdiendo demasiado peso.

Y lo más grave de todo es que Pamela estaba convencida de que Daniel era el único hombre capaz de quererla en su vida.

A las chicas se les hacía difícil conversar, Renata se molestaba al escuchar a su amiga justificar a Daniel con alguna excusa absurda y rechazaba el poder de manipulación que él tenía sobre Pamela, una manipulación capaz de siempre hacerla sentir culpable y temerosa.

El ambiente entre ellas era tenso y los temas de conversación se acabaron más rápido que el café que tenían en frente.

Renata insistió una vez más en el tema de Daniel y agotando sus últimos esfuerzos pidió a su amiga que terminara que con él.

Intentó describir el daño que él estaba causando en ella pero Pamela rechazó cualquier comentario e impulsivamente reaccionó pidiendo a Renata que se marchara.

Renata se quedó mirándola sorprendida y con tristeza le alistó para irse.

Yo siempre seré tu amiga Pame, sea cuando sea, solo avísame y yo estaré aquí – dijo Renata intentando calmar a su amiga.

Estoy bien, ahora solo necesito estar sola – contestó Pamela fríamente.

No, no necesitas estar sola, necesitas estar rodeada de gente para que te des cuenta que estás equivocada y termines de una vez por todas esa relación que te está destruyendo – contestó Renata agotando sus recursos.

Estoy bien, solo quiero estar sola. Hablamos otro día ¿está bien?

– Como quieras – dijo Renata llena de frustración – me llamas y yo estaré aquí.

Pamela empezó a llorar el instante mismo en que Renata salió del departamento, ahora lloraba en silencio, con la mente perdida y el cuerpo quieto.

Esta situación estaba ganando cada vez más poder sobre ella pero aun así no se sentía capaz de poder vivir sin Daniel.

Los momentos con él eran tan intensos que ella los veía perfectos, cuando él la amaba lo hacía en exceso, le hacía vivir cosas inimaginables y tenía tantos detalles con ella, que ella se sentía sobrecogida.

El problema estaba en que de la misma forma excesiva en la que él expresaba su desesperación y anhelo por ella, también lo hacía cuando expresaba su decepción e ira.

Pamela sabía que Renata tenía razón, al final siempre ocurría lo mismo, cualquier motivo era suficiente para que Daniel se disgustara con ella, para que la culpara de arruinar el momento y de no querer mantener la relación.

A pesar de que su mayor deseo era hacerlo feliz, Pamela lograba continuamente lo contrario, Daniel se disgustaba y como resultado se marchaba por varios días.

Al principio se desaparecía solo los fines de semana, pero ahora podían pasar semanas enteras sin que ella supiera de él, semanas enteras en las que ella lo llamaba y dejaba mensajes de voz pidiendo disculpas y ofreciendo recompensarlo.

Luego lograba recuperar la calma y dejaba de buscarlo, se prometía a sí misma no aceptarlo de regreso ni volver a buscarlo pero al cabo de uno o dos días de mantenerse en esa posición Daniel aparecía nuevamente.

Él era inteligente, sabía lo que Pamela necesitaba y lo que le gustaba.

Cada vez que Daniel regresaba venía con una gran escena de drama, una demostración pública del excesivo amor que él decía sentir por ella y por supuesto algún regalo costoso.

Todo eso junto con algunas lágrimas y suplicas bastaba para que Pamela lo perdonara.

La estrategia de Daniel era hacer todo esto en un lugar público, así obligaba a Pamela a ceder más rápido y así volvían una vez más a estar juntos.

Ya iban 7 meses de esto y Pamela estaba cada vez más sensible, nerviosa y débil.

Capítulo 4

 

Tú sabes que nadie en este mundo te amara como yo ¿verdad? – susurró Daniel al oído de Pamela antes de darle un ligero beso en el cuello.

Ella estaba agotada y a punto de quedarse dormida en sus brazos.

Habían pasado 9 días desde la última discusión, 9 días en los que él no contestó el teléfono ni buscó a Pamela.

No fue sino a penas hasta hace un par horas que estaban juntos nuevamente.

Pamela había encontrado a Daniel afuera de su oficina esperando por ella. Su primera reacción fue girar en dirección contraria con la intensión de que él no la viera y ella pudiera continuar con su plan de no volver con él pero fue demasiado tarde, él la vio y salió corriendo detrás de ella para pedirle disculpas.

Daniel pedía perdón con lágrimas en sus ojos, su voz era fuerte y llamaba la atención. Pamela no quería que nadie los viera, mucho menos sus compañeros de trabajo, así que accedió a conversar tranquilamente en casa.

Fueron hasta su departamento y después de dos horas de discusiones y gritos Daniel perdonó a Pamela por haberlo provocado y por no entenderlo y ella perdonó a Daniel por haberse marchado una vez más. Ambos prometieron nunca más repetir esta escena y ahora descansaban agotados tras la discusión.

Yo también te amo a ti. – dijo Pamela con los ojos cerrados mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

Su mente estaba agotada y por primera vez deseaba que él no hubiese regresado.

Estuvo días enteros sufriendo por la forma como él la ignoraba, recordó segundo a segundo la última discusión y una vez más encontraba injusta toda la situación.

Pamela estaba convencida de que Daniel la amaba y creía firmemente que nadie más sería capaz de amarla de esa forma pero en esta ocasión por primera vez pensaba que quizá el que nadie nunca más la amara sería mejor que seguir con ese tormento.

Tenía miedo, cualquier comentario podía despertar la ira de Daniel, y aunque muchas veces ella estaba segura de estar haciendo lo correcto, terminaba siempre siendo ella la que imploraba perdón e insistía a Daniel que regresara.

Ya no sabía tampoco cómo vestirse o actuar, muchas de las discusiones con Daniel fueron a causa de la forma en la que ella estaba vestida, él insistía que era demasiado provocativa y que lo hacía a propósito para llamar la atención de otros hombres.

En otras ocasiones, las discusiones eran por la forma en la que ella se expresaba, lo cual, aparentemente era irrespetuoso para Daniel.

Sea cual sea el motivo, Pamela no los entendía.

La vida de Pamela había cambiado, dedicaba todo el tiempo posible al trabajo, incluso los fines de semana que Daniel desaparecía.

Mantenerse ocupada y resguardada en las paredes de aquella oficina se había convertido en una herramienta de supervivencia y por las noches en casa, la mayoría de las veces se quedaba dormida llorando en silencio.

Vamos a acostarnos – dijo Daniel firmemente.

Estoy cansada y mañana tengo que ir muy temprano al trabajo, ¿te importaría si hoy duermo sola? – preguntó Pamela casi susurrando.

Estas insinuando que quieres que me vaya – contestó Daniel prepotente.

No quiero discutir otra vez Daniel, estoy agotada. Te lo pido, no quiero discutir, solo quiero descansar y tú deberías hacer lo mismo. – dijo Pamela sin siquiera moverse de donde estaba.

Eso es exactamente a lo que me refiero Pamela, tú no me das el primer lugar en tu vida, primero estás suplicándome que regrese y cuando lo hago me pides que me marche. Estás jugando conmigo y me estas volviendo loco. Tienes que dejar de jugar con mis sentimientos, no me pidas que regrese para ser tú la que me mande fuera.

No te estoy mandando fuera de mi vida Daniel – contestó Pamela quien ahora estaba aterrorizada, sabía exactamente a donde iba la conversación

solo sugiero que cada cual duerma en su casa para poder descansar, mañana podremos hablar, planear algo para el fin de semana, quizá podríamos irnos de paseo los dos solos a alguna parte. No estoy diciendo que quiero que te vayas de mi vida.

¡Claro que quieres! – continuó Daniel subiendo el tono de su voz – por eso haces todo esto, me estas usando y manipulando para que yo no pueda vivir en paz. Yo no puedo seguir con esto Pamela, no te entiendo y no voy a dejar que sigas haciendo esto con mi vida.

No estoy haciendo nada – exclamó Pamela exaltada – quédate si quieres, yo lo único que quiero es descansar y mañana ir puntual a trabajar.

Pamela se levantó del sofá y al caminar en dirección a su cama Daniel la tomó fuertemente del brazo.

Deja de jugar con mis sentimientos, deja de provocarme, deja de suplicarme que regrese para arruinar todo una vez más. Yo te amo con todo mi corazón, tú sabes que jamás tendrás en tu vida alguien que te ame tanto como yo y aun así no dejas de arruinarlo todo. – Dijo Daniel mientras sujetaba a Pamela del brazo.

¡Suéltame! – reaccionó Pamela bruscamente – estás cambiando todo una vez más, me estas culpando de cualquier cosa que hayas imaginado y esta vez, como siempre, yo no he hecho nada.

Me imploras que regrese y luego me dices que me marche, siempre estás rogando que te abrace y ahora me exiges que te suelte, estás loca Pamela, no tienes control de tus pensamientos. Te vas a arrepentir de haber arruinado esto. Una vez que cruce esta puerta me habrás perdido para siempre. – Dijo Daniel amenazante.

Pamela ya conocía esa escena, ella normalmente le suplicaba que se quedara y al cabo de una larga humillación él igual se marchaba.

Pero esta vez era diferente, esta vez ella se sentía diferente.

Quizá necesito perderte para siempre – dijo Pamela cansada.

Los ojos de Daniel se llenaron de rabia, tomó su chaqueta y gimiendo con ira se marchó golpeando fuertemente la puerta.

Pamela rompió en llanto, cerró la puerta con doble llave y caminó arrastrando los pies hacia su cama.

Se recostó y las lágrimas no dejaron de salir.

Su respiración era entre cortada, Pamela llegó a pensar que iba a morir, el dolor que sentía dentro de sí superaba cualquier pensamiento que tuviera.

Su mente ya no tenía control de nada y en un estado de tristeza absoluta se dejó ir.

Dejó de preocuparse por su respiración, dejó de apretar fuertemente sus manos y cerró sus ojos deseando no despertar.

Su cuerpo se relajó, dejó de temblar y Pamela cayó profundamente dormida.

Eran las 3 de la tarde cuando Pamela se despertó sin entender claramente lo que había ocurrido, le tomó un par de segundos recordar lo que había pasado, darse cuenta que no había ido al trabajo y que por primera vez no había llamado decenas de veces a Daniel a pedirle que regresara.

Tomó su celular y vio tan solo un mensaje de la oficina que decía que esperaban que se encontrara bien y que se comunicara cuando fuera posible.

Pamela se regaló un tiempo para pensar.

No podía seguir así.

Necesitaba que Daniel no regresara nunca a su vida pero ella sabía que él volvería y ella no se sentía fuerte, no lo suficiente como para negarle toda posibilidad.

Debía buscar ayuda, no era necesario contar mayores detalles, tan solo buscar ayuda para cambiar su rutina durante el siguiente mes y medio, después de eso Daniel se cansaría de buscarla y ella estaría suficientemente fuerte para rechazarlo.

Capítulo 5

 

Pamela pensó en un plan.

Lo principal era que Daniel no tuviese la oportunidad de generar ningún tipo de encuentro casual, lo cual solía ocurrir los días lunes o jueves a la salida de la oficina o durante la hora de almuerzo.

Buscó en internet y contrató un plan mensual de entrega de almuerzos a la oficina, ahora solo le quedaba encontrar una solución para evitar que Daniel la espere a la salida.

Se alistó y fue en dirección a su trabajo, justificó su ausencia explicando que había sufrido una fuerte migraña y conversó con su jefa con quien tenía una buena relación.

¿Cuán frecuentes tiene esas migrañas? – preguntó su jefa quien no estaba del todo sorprendida. Había visto a Pamela en los últimos meses y le parecía que no se veía del todo saludable.

Es reciente, tan solo las últimas semanas. – contestó Pamela procurando sonar casual.

No estará con exceso de trabajo, ¿o sí?

No, a mí me encanta lo que hago y estoy en perfectas condiciones para seguirlo haciendo sin embargo si hay algo que quiero pedirle. – Pamela respiró profundo y continuó – me recomendaron nadar como ejercicio para reducir las migrañas y quisiera su autorización para ausentarme por un par de horas dos días a la semana, las repondré trabajando hasta más tarde, y trabajaré…-

No hay ningún problema – Interrumpió su jefa con autoridad – yo sé que trabajarás hasta reponer esas horas. ¿Por cuánto tiempo necesitas hacerlo? – preguntó.

Estimo seis semanas máximo.

Está bien, tienes mi autorización y si te conviene, al salir de tu ejercicio puedes trabajar desde casa, no necesitas regresar a la oficina. Lo importante es que te recuperes y que estés fuerte, mientras mejor estés mejor harás tu trabajo y eso es lo que a mí me interesa.

Muchas gracias – contestó Pamela sintiendo una gran presión en el pecho.

Salió de la oficina de su jefa y fue directamente al baño para llorar tranquila por un par de segundos.

Se había convertido en una mujer sumamente frágil y cualquier situación complicada le hacía temblar y llorar.

Después de recuperar la calma se sentó frente a su computador para hacerse cargo de los pendientes y programar el resto de días como lo hacía normalmente.

Sin mayor inconveniente Pamela se quedó trabajando hasta bien tarde y cuando por fin estuvo sola llamó a Renata con quien no había hablado hace más de tres meses.

¿Estás bien? – preguntó Renata al otro lado del teléfono.

Lo estoy – contestó Pamela con una leve sonrisa en su rostro – Perdón por no hacerte caso antes, tenías razón.

Las palabras de Pamela aliviaron a Renata, ella había estado muy preocupada por su amiga y tras varios intentos de hacer que recapacitara tuvo que rendirse y esperar a que ella misma tomara la decisión de acabar lo que tenía con Daniel.

Lastimosamente nadie podría convencerle de aquello que ella no quería aceptar.

Lo importante es que estás bien – dijo Renata rompiendo el silencio.

Necesito de tu ayuda.

¿Quieres que vaya a verte? – preguntó Renata alistándose para salir en busca de su amiga.

No, no hace falta, hoy Daniel no va a volver, pero seguramente lo hará en un par de días.

¿Y qué planeas hacer? – preguntó Renata sabiendo que lo más difícil aún estaba por venir.

Esta vez seré yo quien desaparezca. Cambiaré mi rutina para que no me encuentre, haré todo lo posible.

Te llamará a la oficina – dijo Renata frustrada.

Nunca lo hizo, siempre me llamaba al celular y yo le contestaba – contestó Pamela aún más avergonzada. – De todas formas hablé con el encargado de la seguridad del edificio para prohibir su entrada, incluso accedieron a decir a quien sea que pregunte por mí que ya no trabajo aquí.

Eso es perfecto, me alegra escucharlo. No temas por cómo reaccionabas antes, ahora será diferente, ahora tienes un plan para que sea diferente. – Dijo Renata intentando animar a su amiga.

Lastimosamente no creo ser tan fuerte y por eso necesito de ti. Necesito primero que todo que te lleves todos los teléfonos de la casa y mi celular también.

Está bien – dijo Renata entusiasmada – eso no será problema. Incluso puedo contestar tu celular y decirle a Daniel lo que pienso de él.

¡No! – exclamó Pamela, – entonces sabrá que tú estás a mi lado y yo quiero que él crea que tú y yo no nos hablamos…Además necesito pedirte algo más. ¿Quieres cambiar de auto con el mío? Será solo por algunas semanas y prometo cuidarlo bien. Es solo que necesito movilizarme en auto pero no quiero que Daniel vea mi auto estacionado fuera de casa o de la oficina, si lo ve sabrá donde estoy.

Claro que sí, estoy para ayudarte y nada de lo que me pidas será problema – contestó Renata.

Le partía el corazón escuchar a su amiga así, sabía lo duro que esto estaba siendo para Pamela y admiraba que finalmente tomara la decisión de terminar aquella relación tan tormentosa.

Estoy muy orgullosa de ti.

No lo estés – dijo Pamela – aún no he logrado nada y tengo miedo de no ser fuerte y perdonarlo nuevamente cuando regrese. Tengo que estar preparada. Si no quiero volver con él tengo que evitar verlo e impedir que él me vea, al menos hasta que yo me sienta fuerte.

Porque no vienes a pasar unos meses conmigo – preguntó Renata – tengo espacio suficiente.

Gracias – dijo Pamela sonriendo – muchas gracias por todo. No me mudaré contigo pero posiblemente pasaré muchas noches ahí. ¿Está bien?

¡Esta más que bien! No estás sola Pame, tomaste la decisión y yo estoy a tu lado para ayudarte.
Vamos a hacer un cambio contigo hasta que estés más fuerte.
Ya verás que en un par de semanas te sentirás aliviada, fuerte y segura de ti misma, ya no te importará verlo y nunca más volverás a estar en esa relación.

Así será, salgo ahora para tu casa para cambiar los autos ¿está bien? – dijo Pamela alegremente.

Claro, aquí te espero.

La conversación con su amiga la había llenado de fuerzas, la decisión estaba tomada y ahora tan solo necesitaba hacerla realidad.

Debía ser fuerte y cada vez que no lo fuera debía pedir ayuda, no estaba sola y junto a su amiga iba a recuperar la fortaleza que necesitaba.

 

Capítulo 6

 

Las siguientes semanas fueron un torbellino de emociones.

A pesar de que muchos días habían sido muy difíciles, Pamela recordaría este último mes como el más gratificante de toda su vida.
Cambiar parte de su rutina había sido muy útil al principio, Pamela se movilizaba atenta en diferentes horarios y siempre que podía tomaba nuevas rutas.

Más de una vez tuvo la tentación de salir en la hora del almuerzo para ver si encontraba a Daniel pero logró contenerse.

El estar desconectada del mundo había sido desesperante pero muy útil para alcanzar su objetivo de mantener la distancia con Daniel.

Pamela llamaba a su familia cada dos días y les decía que estaba muy bien pero que su celular seguía en reparación. Sus padres no se escandalizaron al respecto.

Ellos se conformaban con escuchar a su hija y no les importaba los detalles.

Renata se había encargado de su celular, de mantenerlo siempre cargado y de leer y escuchar cada mensaje.

Al menos debía parecer que sí los había revisado.

El objetivo de ello era que Daniel viera que a pesar de que Pamela recibía sus llamadas y mensajes decidía ignorarlas.

Renata estaba sorprendida, casi y pudo entender por qué su amiga volvía siempre con Daniel.

La insistencia de él era admirable, podía llenar la bandeja de entrada de mensajes de todo tipo, desde amenazantes y perturbadores hasta otros proponiéndole casarse como solución a sus problemas.

Ella nunca le comentó a Pamela sobre los mensajes ni sobre la cantidad de llamadas que tenía de ese y otros números.

Y cuando ella le preguntaba al respecto le contestaba con ternura que no había nada importante de qué preocuparse.

Pamela tuvo que pasar más noches en casa de Renata de las que había planeado.

La mayoría de las ocasiones debido a la insistencia de su amiga y Pamela no podía hacer nada más que aceptar.

Parte del compromiso que había hecho con ella misma incluía obligarse a escuchar a quien estaba ahí para ayudarla.

Pamela pensaba que su amiga hacía eso porque había visto algún mensaje que le provocara preocupación, así que sin preguntar mayor detalle aceptaba e iba a casa de su amiga.

Muchas habían sido las noches de llanto y Pamela sabía que aquel sentimiento de tristeza estaba llegando a su fin porque muchas de las lágrimas fueron también por ira y no solo por humillación.

Poco a poco ganaba poder sobre sí misma y le era más fácil reponerse.

Te ves muy bien hoy – dijo Renata a su amiga mientras guardaba todo en su bolso.

Me siento bien – contestó Pamela sonriendo – Gracias por todo.

No tienes nada de qué agradecerme, tú has hecho sola todo, yo tan solo he estado para acompañarte.

Entonces gracias por estar a mi lado – bromeo Pamela.

Siempre lo estaré, para eso son las amigas.

Las chicas salieron a cenar en un nuevo lugar de hamburguesas que habían abierto en el centro de la ciudad.

Habían escuchado mucho al respecto pero no se habían animado a ir porque Pamela no se sentía segura de frecuentar lugares públicos.

Sin embargo ahora quería intentarlo, aún sentía miedo pero necesitaba dar ese paso, no podía seguir escondiéndose.

Al llegar vieron que el lugar estaba repleto de gente de su edad, buena música sonaba de fondo y el ambiente era alegre.

En la puerta se encontraron con un par de conocidos con quienes conversaron hasta que su mesa estuvo lista.

Renata había tomado la precaución de reservar una mesa para las dos puesto que era su noche de festejo y no querían tener que esperar afuera.

La comida estaba deliciosa y ambas disfrutaban alegres de la noche cuando de repente Pamela escuchó la voz de Daniel, fuerte como siempre hacía algún reclamo que ella no pudo entender bien.

Él estaba hablando con alguien más y a las chicas les tomo un momento encontrar de dónde provenía su voz.

Él estaba sentado a unos 5 metros de ellas, compartía una mesa con una chica de cabello corto y era evidente que discutían.

Él subió aún más el tono de su voz provocando que la chica se levantase bruscamente y le aventara la bebida en su cara.

¡A mí me respetas Daniel! – dijo la chica fuertemente mientras todos en el lugar los veían – tú estás loco, tienes problemas mentales y si me vuelves a buscar haré que te arreste la policía. Espero que te quede claro.

La chica tomó su bolso y se marchó.

Pamela y Renata veían la escena en silencio.

Daniel se limpió su rostro y adquirió una postura desafiante hacia el resto.

Colocó un par de billetes sobre la mesa y se dispuso a salir.

En el camino su mirada se cruzó con la de Pamela, ella lo miraba fijamente con desprecio y no con la mirada suplicante que él estaba acostumbrado a ver.

Por primera vez, él bajo su mirada y salió del lugar sin decir nada.

Será mejor que vayamos a casa – dijo Renata nerviosa.

No hace falta – contestó Pamela – no sentí nada más que vergüenza ajena.

Renata la miró orgullosa.

Él ya no tiene ningún poder sobre mí – dijo Pamela al mismo tiempo que una sonrisa sincera se dibujaba en su rostro – hoy definitivamente es nuestra noche de festejo.

Por ti Pame, por tu felicidad – dijo Renata levantando su vaso de cerveza.

Por la amistad, porque sin ti todo hubiese sido más difícil – contestó Pamela y brindaron.

 

Fin