Esta es la Historia de Inés. Ella nos cuenta su enécdota tratando de encontrar el amor ideal.

Inés nos cuenta cómo la dedicación y esfuerzo por encontrar el amor ideal hizo que se olvidara de lo ideal del amor.

Ella llevaba más de dos años soltera.

Era soltera por decisión propia, por tener el corazón cerrado al amor y por no desear compartir su vida con ninguna pareja.

En ese mismo periodo de tiempo, la mayoría de las amigas de Inés formalizaron sus relaciones. Muchas se casaron y un par se cambiaron de ciudad por motivos de trabajo.

Estos cambios en la dinámica de su grupo de amigas causó que Inés se sintiera sola.

Y poco tiempo después decidió iniciar la búsqueda de su gran amor.

Quería conocer a alguien…

Fue en un Brunch de chicas cuando les dije a mis amigas que quería que me presenten a alguien.

¡Ellas no me lo podían creer!

Exageraron su alegría diciéndome que ya era hora. Me decían que yo merecía sentirme amada e incluso que ya tenían algunas propuestas en mente. Por su reacción yo llegue a sentir que había hecho mal al estar sola tantos años.

Como si al estar soltera me hubiera perdido de las mejores oportunidades de mi vida.

 

Mis amigas me dieron un par de nombres de los hombres que me querían presentar y al principio todo fue muy divertido. Hablábamos de los chicos que estaban disponibles, nos reíamos de ellos y planeábamos mis futuras citas.

 

Mis amigas y yo fantaseamos con lo que podríamos hacer todos juntos cuando yo también tuviera pareja.

Me hablaron de las cosas hermosas de sus relaciones y yo me imagine ilusionada a mí misma en esas situaciones.

Aquella tarde al despedirnos, una de mis amigas me dio un consejo,

ella me dijo que para encontrar el amor ideal debía saber qué es lo que quería para mí.

 

Según ella, sabiendo eso sería más fácil encontrarlo.»

Después de aquel día Inés fantaseó durante los siguientes meses con cómo sería su futura relación.

Se imaginaba a si misma riendo, caminando de la mano de un hombre fuerte, recibiendo flores y viviendo cenas románticas.

Y por supuesto, a todas sus amigas viendo la fantástica relación que ella tendría.

 

Empecé a fingir estar enamorada…

La primera cita que tuve fue la más trágica. Al cabo de 25 minutos se terminó y yo me despedí fríamente subiendo a un taxi para regresar a casa.

Para mí fue fácil y evidente darme cuenta que aquello no tenía ningún futuro. Al menos eso creía. Aquella noche yo no sentí nada de lo que se suponía que debía sentir asi que asumí que era mejor no perder mi tiempo.

No hubo cruces seductores de miradas, no hubo roce de manos. Faltaron las grandes risas, o él acariciando mi rostro o diciéndome un cumplido.

Simplemente no fue como yo imaginé.

Cuando hablé con mis amigas al respecto ellas me criticaron fuertemente. Aparentemente todo aquello llegaba con el tiempo. Ellas me explicaron que yo debía ser quien le motivara a mi pareja a hacer todo aquello.

Al parecer todo aquello no se resumía a encontrar el amor ideal. Sino que yo debía crearlo.

Yo debía ser la creadora de mi cita ideal. Debía hacer todo lo posible para que llegara al punto que yo quisiera.

Así que eso fue lo que hice desde aquel día en adelante.

Ya no solo fantaseaba con aquellas caricias y risas sino que también las fingía.

Y curiosamente aquello daba resultado. Mientras más enamorada e ilusionada fingía estar, más demostraciones de cariño recibía.

Poco a poco mis citas fueron mejorando e incluso llegue a estar en algunas relaciones más formales pero el problema siempre era el mismo. Al cabo de un tiempo nuestras diferencias eran insoportables y debíamos terminar.

 

Yo estaba segura de cómo debía ser mi pareja y relación ideal. También sabía cómo debía ser yo junto a mi gran amor.

Pero aún no había perfeccionado el arte de encontrar el amor ideal.

El tiempo pasó y yo seguí sin poder tener o mantener una relación. Lo cual incrementó la presión sobre mí misma a encontrarlo.»

Inés estaba convencida de que la solución a su soledad y aparente infelicidad sería resuelta al encontrar a su amor ideal.

Ella concentraba todas sus energías en aquella búsqueda y el problema fue exactamente ese.

 

Inés cargaba de forma inconsciente toda la responsabilidad de su felicidad a la relación y a la pareja.

Al principio Inés se sentía ilusionada y se veía a ella misma dentro de la relación como una mujer feliz.

De igual forma quienes fueron sus parejas estaban encantados con ella porque la veían siempre felizmente dispuesta a compartir. Ellos veían en ella una mujer entusiasta y se veían a ellos mismos como los motivantes y creadores de aquellas ilusiones.

Cada uno de sus parejas llegó a sentirse (por un periodo de tiempo) poderoso, grandioso y especial.

Todo aquello provocaba que ellos vieran a Inés también como una mujer especial.

Aparentemente aquellas relaciones tenían una base interesante sobre la cual desarrollarse.

El problema estaba en que aquella base era el resultado de una idealización y no de experiencias reales.

Estaba imaginando mi gran amor y no viviéndolo….

Yo no podía entender porque después de un tiempo todo se volvía tan difícil.

Pensé que lo estaba haciendo todo bien y les decía a mis parejas claramente lo que deseaba.

Me presentaba a mí misma como una mujer feliz, estaba siempre entusiasta a generar grandes experiencias con mis parejas.

Incluso hablaba sin miedo del amor.

 

A cada uno de mis parejas les hice saber recurrentemente cuán importantes eran para mí, cuanto los admiraba y cuanto me encantaban.

Cada vez que nos veíamos les decía cumplidos. Cuando los presentaba a mis amigas o familia contaba sobre sus grandes logros o sobre las hermosas experiencias que habíamos vivido juntos.

Según yo, estaba haciendo todo lo que me habían aconsejado. Estaba viviendo mi gran amor.

Lo que aprendí luego es que en realidad estaba imaginando mi gran amor y no viviéndolo.

Para mí, todo en mis relaciones tenía un formato predeterminado. Y por ende todo debía encajar en mi expectativa y proporcionarme la felicidad que yo esperaba.

Me convencí a mí misma de que cada relación en la que me involucraba era justamente lo que yo tanto estaba esperando. Pero la realidad es que me negué a vivir cada una de esas relaciones.

No las viví como realmente eran, sino que las coloqué dentro de un molde que yo deseaba que encajaran.

Y por supuesto ninguna encajó.”

Inés se había negado a sí misma la posibilidad de conocer a fondo a aquellos hombres que se interesaron en ella. También les negó a ellos la oportunidad de conocer como era ella en realidad.

A pesar de que cada uno de ellos disfrutó sentirse grandioso y poderoso en las relaciones con Inés.

Cada uno sintió también que tanta insistencia por vivir grandiosas experiencias les quitaba la oportunidad de vivir el día a día.

Sintieron también que las fantásticas descripciones con las que Inés contaba sus experiencias eran diferentes a lo que ellos habían experimentado.

Y aunque se alegraban de que ella se sintiera tan feliz, ellos sentían que ellos no eran los verdaderos autores de aquellas escenas.

Finalmente ellos sintieron que Inés no los conocía.

Desde el punto de vista de las parejas de ella, Inés estaba siempre preocupada de vivir a medida una fantástica relación pero que no estaba interesada en ellos. Ella se enfocaba tanto en lo que debían vivir que olvidaba prestar atención a sus preocupaciones y a sus problemas.

Por su parte ella no lograba entender ni aceptar que a veces los encuentros que planeaba no fueran tan fantásticos como ella los deseaba.

Inés deseaba tanto encontrar el amor ideal que no aceptaba ningún aspecto negativo en sus relaciones.

Todo esto causaba que ella se frustrara y aquella presión terminaba por ahuyentar a sus parejas.

Casi había olvidado quien era yo…

Me di cuenta de mis errores casi tres años después de vivir ilusiones y desventuras.

Curiosamente cuando entendí en lo que me había equivocado sentí un gran alivio.  En lugar de sentir tristeza o amargura, fue como librarme de una gran responsabilidad.

Recuerdo aquella tarde cuando el último de los hombres con los que estuve me dijo que:

 

él no era ningún príncipe azul, que él no había aceptado cumplir ningún papel en un cuento de hadas y que yo definitivamente no era ninguna princesa que debía ser rescatada.

 

Su comentario logró que yo me pusiera furiosa. Recuerdo haber discutido y dicho que nada de lo que decía tenía sentido.

 

Él logró calmarme y conversamos por primera vez sin ninguna expectativa.

Él empezó la conversación lamentándose no haber podido conocer realmente la mujer que era yo.

 

Según él yo era más ideal que lo que aparentaba ser y sus palabras me abrieron el corazón.

La verdad es que yo estaba agotada de tanta desilusión. Había pasado tanto tiempo esperando encontrar el amor ideal que de repente todo era superficial. Yo actuaba para sostener mis relaciones ideales que casi había olvidado quien era yo.

 

Me dijo también que le hubiera gustado que yo me tomara el tiempo para conocerlo a él.

Él sabía que él era muy diferente al ideal que yo tenía pero pensaba que si lo hubiese dejado sorprenderme, lo hubiera considerado aún más grandioso.

 

Les confiezo que aquellas palabras hicieron que yo me arrepintiera de muchas de mis actitudes.

Con una sonrisa él se despidió diciéndome que me daría gratuitamente el mejor consejo para tener una relación feliz.

Me dijo que el éxito estaba en que yo fuera una mujer feliz.

Él aseguró que cuando yo fuera feliz, tendría felicidad para compartir y podría descubrir en mi futura pareja la felicidad que él tendría para compartir conmigo.

Me dijo que así se construía una relación, uniendo a dos personas felices que desean compartir su vida con una pareja.

Comprendí entonces la mayor diferencia entre lo que era ideal y lo que estaba haciendo yo.

El amor ideal se debe construir con el tiempo.

No existe tal cosa como encontrar el amor ideal. Encontrarlo es algo que no se planea sino que se descubre con el tiempo y con la decisión de querer descubrirlo. No ocurre creando anticipadamente un molde al cual adaptarlo como lo estaba haciendo yo.”

Después de aquella conversación Inés necesitó estar sola por un tiempo.

Al cabo de unas pocas semanas se fue de vacaciones a las montañas con la única intensión de reconocerse a sí misma y ahí tuvo todo el tiempo necesario para pensar.

Inés de dio cuenta que en toda aquella fantasía de la relación ideal ella descubrió aspectos de sí misma que en realidad sí quería cambiar.

Le gustaba la idea de presentarse más positiva, entusiasta y des complicada

y se prometió a si misma intentar serlo de forma genuina.

Definió también aquello que no iba a aceptar en sus futuras relaciones y así, su ideal se redujo básicamente a

tener una relación que se desarrollara dentro de sus valores esenciales y en la que ella estuviera motivada a ser lo mejor de sí

 


Espero que te haya gustado esta historia.

No olvides compartirla con tus amigas y dejarme tus comentarios.

Hasta pronto

Marie