Nos encontramos en el mes de la mujer y vale la pena hablar más del inmenso poder de la mujer que de los festejos que muchos preparan.

Marzo es un mes en el que algunos nos «celebran» a las mujeres, otros nos dan flores y otros nos conmemoran.

Es así como el día de la Mujer se magnifica año a año.

Ser mujer.

Desafiante y poderosa labor que nos ha tocado.

Cumplir con miles de tareas, llenar expectativas, desafiarnos a cada instante.

Ser mujer hoy en día es una gran responsabilidad.

¿Sientes lo mismo?

¿Te sientes responsablemente feliz de ser mujer?

Te pregunto esto porque yo sí me siento así.

Nuestro despertar de consciencia nos ha permitido darnos el espacio que nos corresponde.

Decidir por y para nosotras

Alejarnos de los prejuicios y reglas establecidas.

Atrevernos a ser quien deseamos sin olvidar el valorar enormemente el camino recorrido por nuestras ancestras y todas aquellas mujeres que nos permitieron estar donde estamos hoy.

El valor de ser mujer es un inmenso tesoro.

Somos inmensas y debemos ser responsables de ello.

Entregar a las nuevas generaciones las herramientas que a nosotras no nos dieron.

Y caminar juntas, unidas, en tribu.

Sólo así conseguiremos el espacio que merecemos.

Utilizando a consciencia el inmenso poder de la mujer para reinventarnos, quien ha sido el que nos ha permitido mantenernos en pie.

Quisiera agregar además, acerca de lo poderosas que podemos ser, en especial cuando atravesamos un momento de crisis.

Mundialmente nos estamos enfrentando a una pandemia y la vida diaria nos obliga a hacernos más responsables aún.

Frente a nuestras familias decidiendo en el qué y cómo hacer.

En mi país, en el tuyo, en el mundo entero, no podemos permitir que el miedo nos gane.

Y con ese poder que tú, yo y nosotras tenemos, juntas lo podemos lograr.

¿Te atreves a ser esa mujer decidida y fuerte que todo lo puede cambiar?

Gracias a quienes lo hicieron por nosotras, gracias a nuestro inmenso poder tenemos en nuestras manos un mejor presente y por ende futuro, para nosotras y nuestras niñas.

Siempre debió ser así, pero lo olvidamos.

Por eso quiero invitarte a reflexionar acerca de nosotras las mujeres, lo que hemos debido superar y lo que podemos construir.

El poder de una mujer nació en una Tribu

Las mujeres antiguamente vivían en Tribu acompañándose y aprendiendo de las experiencias que, con otras mujeres, vivían en el día a día.

Compartían el puerperio, la crianza, los alimentos, los espacios, las ceremonias, los aprendizajes.

Hablaban de todo lo que les interesaba, de las cosas que sucedían, se les explicaba sus procesos femeninos y se preparaban para lo que venía.

El espacio físico era de todas y para todas.

Lo cuidaban y mantenían para sentirse más plenas y felices.

Las mujeres intrínsecamente, tenemos la gran necesidad de permanecer juntas, unidas, de buscar a nuestras pares afines.

¿Tú buscas a otras mujeres cuando tienes un problema?

¿Tienes tu propia tribu a la cual recurres en busca de contención?

¿Te es agradable pasar horas conversando con tus cercanas?

Absolutamente todas nos buscamos, nos refugiamos en las otras porque de manera natural nos necesitamos.

Buscamos ese refugio que sólo nosotras nos podemos dar.

Pero la vida y su locura diaria nos alejó por mucho tiempo.

Los convencionalismos no nos permitieron seguir unidas como deberíamos.

Y muchas de nosotras dejamos nuestros sueños escondidos.

Mientras el tiempo pasaba y sentíamos la prohibición de ser quien queríamos ser.

 

Cómo aprendimos a resolver los problemas

Todas tenemos historias en nuestra piel en nuestro corazón, todas cargamos con cicatrices y todas guardamos bellos y malos recuerdos.

Y mantenerse en pie con todas esas cicatrices solo resalta el inmenso poder de la mujer.

Cada una ha pasado por momentos maravillosos y otros complicados y difíciles porque así es la ley de la vida.

Así nos enseñan desde pequeñas al decirnos que la vida no es fácil y que debemos hacerle frente a lo que venga.

¿Te dijeron lo mismo a ti?

Pero lastimosamente en esta lección nadie nos enseña cómo hacerlo.

Nunca en el colegio hubo una asignatura para aprender a levantarte de las dificultades.

En ocasiones límites, escuchamos consejos de cómo enfrentar los problemas cuando la suerte ya fue echada.

Y así como no nos explicaron muchas cosas de nuestra parte femenina, de todo lo que ocurriría con nuestros cuerpos al crecer, no recibimos un resuelve problema de ningún tipo.

Al menos yo no lo recibí…

Y de a poco fui dándome cuenta de cómo cambiaba mi cuerpo y emociones.

La vida me enfrentaba a diversas situaciones y así fui aprendiendo en el camino a cómo solucionarlas.

Y pienso que seguramente a ti te pasó lo mismo.

Sin embargo las mujeres contamos con una fuerza inexplicable para levantarnos y salir adelante.

Y esa fuerza nos empuja a seguir a pesar de todo.

¡Y es que honestamente pienso que las mujeres somos invencibles!

Así que te pregunto; si nos lo proponemos y nos convencemos.

¿Lo crees tú también?

¿Crees tú también que las mujeres somos invencibles?

Aprendimos a resolver nuestros problemas al ver todo con nuestros pequeños ojos.

Fuimos observando las situaciones que ocurrían a nuestro alrededor, principalmente en la casa y colegio, aprendiendo de nuestros adultos significativos la forma de resurgir frente a ellos, así como ellos lo hacían.

A veces eran grandes ejemplos a veces no, pero de alguna y otra forma fuimos aprendiendo a resolverlos.

Muchas veces en el papel de víctima, otros como protagonistas de nuestras vidas.

Pero como sea, armamos nuestra forma de resolver y luchar.

Ese inmenso poder de la mujer es lo que nos hace casi superpoderosas está siempre en nuestro corazón.

Lo que ocurre es que no lo utilizamos y además no tiene ninguna dirección.

No recibimos una guía para usarlo y a veces se queda dormido esperando su activación.

Y los vaivenes de la vida no permiten que surja.

Así y todo, nos entrega la fuerza para reinventarnos una y mil veces.

Para hacerle frente a las vicisitudes y a la tristeza.

Ahí está dándonos todo para nosotras.

Muchas veces no entendemos de dónde proviene pero está disponible a nuestro rescate.

Y es que somos capaces de todo sin notarlo sin darnos cuenta.

 

La capacidad de reinvención de las mujeres

Durante mucho tiempo me dediqué a observar, a mirar en silencio a miles de mujeres que pasaban por mi vida.

Y si bien todas somos maravillosamente distintas, hay un factor común.

Y es precisamente ese, el saber levantarnos una y otra vez.

Tantas historias de tantos dolores.

Y ahí están esas mujeres haciendo vida a pesar de lo que tengan que enfrentar, ahí están una y otra vez de pie.

¿De dónde?

¿Cómo?

Recuerdo los ojos de mi abuela.

Eran dulces, profundos, sinceros… y en el fondo se divisaba la tristeza.

Su sonrisa era intensa, su voz se quebrantaba.

Pienso que era porque su madre murió cuando era pequeña, de adulta había perdido dos hijos y una de sus hijas enfermó.

Y ahí estaba, día a día preparándonos «cositas ricas» .

Inventado platos de comida, haciendo juegos junto a sus nietos.

¡¡Cómo!!

Después de tanto dolor…

Recuerdo también a una hermosa amiga.

Su calma y su temple impresionaba.

Había perdido hace poco a su esposo, el amor de su vida.

Se quedó con dos pequeños y sonreía a cada instante.

Lo hacía por ellos por sí misma.

Y además agradecía a cada momento lo vivido con su amor, el tiempo que pudo estar con él, los recuerdos que atesoraba en su corazón.

Me preguntaba también cómo lo hacía…

Porque sabemos reinventarnos, porque del polvo hacemos casas y de las casas hogares.

Porque las mujeres que son el mejor ejemplo eligieron ser protagonista y no víctima.

Y porque podemos escoger y hoy más que nunca lo podemos hacer porque tenemos ese poder.

Poder también para nuestras niñas

Al reflexionar sobre las siguientes generaciones me pregunto qué pasaría si ese poder fuera consciente

Pero realmente consciente.

¿Qué pasaría si desde pequeñas les enseñamos a las niñas a utilizar ese inmenso poder y todo lo fabulosas que podrían ser?

¿Qué piensas tú qué ocurriría?

Yo pienso que podemos y tenemos la obligación de enseñarles todo lo que no nos enseñaron a nosotras.

Darles la fuerza, el empuje para lograr lo que quieran, lo que absolutamente deseen.

Que busquen su destino en la convicción de ser lo mejor en el ahora.

Enseñarles que el presente se disfruta.

Que la vida es simple y también grandiosa.

Mostrarles que somos grandes y fuertes.

Que no hay limites que podamos superar.

¿Y si lo hacemos de verdad?

Hacerlo de verdad porque a veces siguen ganando los convencionalismos, porque aún y en ocasiones, nos consume el miedo.

Porque aún se siente envidia y poca sororidad entre mujeres y caemos en la tentación de hablar mal de otras.

Porque olvidamos que somos lo mismo y entregamos ese ejemplo.

¿Y si nos acordamos de las vivencias en Tribu?

¿Y si recordamos la contención que otras mujeres nos dan?

¿Qué pasaría si buscamos rodeamos de mujeres que sólo nos nutran?

¿Cómo sería si reconocieras con amor el inmenso poder que tiene una mujer?

Creo que sólo así nuestra voz será reivindicada.

Cuando seamos una, cuando confiemos sin temores y cuando brillemos tan fuerte que esa luz ayude a brillar a otras.

Con mi poder, tu poder, nuestro poder unidos.

El inmenso poder de la mujer, todas unidas y juntas.

Solidarias y sororas creando por todas y para todas.

Reconociendo la fuerza interna que tenemos y la capacidad de reinvención que poseemos.

Quebrando la historia y agradeciendo a las que estuvieron antes.

 

Momento de derribar trampas

Para encaminarte en aprender a usar el inmenso poder de una mujer debes ser consciente y aceptar que hay cosas que están mal.

Yo,al igual que tú me equivoco constantemente.

Y si bien he elegido un camino de ayuda a las demás, también caigo en la crítica a otra.

También se me arrancan palabras inadecuadas hacia una par.

Y me ocurre porque mientras me hago consciente, los fantasmas del antiguo aprendizaje allí estarán.

Y mientras ellos estén faltará fuerza para que sea 100% real.

Por eso te hablo de hacerlo de verdad y que es una gran responsabilidad

Es momento de ser el mejor ejemplo para las nuevas generaciones en el diario vivir, en el hacer, en darles a ellas el inmenso poder que tienen y cambiar totalmente lo que hemos sido hasta ahora.

Porque sólo así haríamos tribu otra vez.

Por ello he tenido que aprender a reconocer cuando caigo en estas trampas.

Cuando no soy solidaria, cuando caigo en la soberbia y el ego.

Y para lograrlo sencillamente he aprendido a aplicar tres trucos simples.

Con ellos me siento fuerte y reivindico el poder creador y femenino que todas tenemos.

Permíteme compartirlos contigo:

Trucos para no caer en la trampa de la soberbia y el ego hacia otras mujeres

1. Reconoce el poder de tus palabras:

Cuando no estés hablando bien de alguien y lo hagas consciente, respira y cuenta hasta 10. ¡Hasta 10!

Imagina que es de ti de quién hablan.

Detente y reconoce que el lenguaje da sentido y todo se puede devolver.

 

2. Di algo positivo:

Inmediatamente piensa lo bueno que esa mujer tiene y a la cuenta de 3, lo mencionas.

Intenta agregar más de dos cualidades.

 

3. Si no tienes nada bueno que decir, guarda silencio:

A veces es mejor callar.

Si notamos que diremos algo inapropiado de una par y lo haces consciente antes de mencionarlo guarda silencio. ¡¡¡Silencio!!!

Es mejor callar y no fallar, en confianza y admirando tu poder.

 

Con estos trucos yo he aprendido a dejar atrás lo patrones antiguos, la mala vibra.

He aprendido a mirar y mirarme, a entender la sororidad.

Entenderla de verdad, de corazón, a comprender que si estamos juntas es cierto que es mejor.

A brillar y que todas brillen, a admirar mi poder y también a admirar tu poder.

Aprendí a comunicar lo que siento, a buscar contención.

A hacer Tribu.

A agradecer a las de antes, inmensas y poderosas que lucharon por nosotras tal y cómo hoy debemos luchar por nuestras niñas.

Con responsabilidad y certeza de que tendrán un camino mejor.

De que la sororidad sea parte de su día a día.

De que sabrán ser una chica super poderosa con luces y sombras.

Enfrentando los miedos, decidiendo por ellas mismas con responsabilidad y amor.

Hoy te invito a ser quién eres, a admirarte y admirar a todas.

A dejar tu legado cada día y a reunirnos con fuerza alzando nuestra voz.

A honrar lo femenino y también lo masculino.

Te invito a sonreír por lo que eres, a agradecer cada día, a ser fuerte en tiempos de crisis.

A luchar por un planeta mejor, a derrocar las enfermedades que atormentan a hacerte grande.

¡Muy grande!

Y a que todas seamos una.

Te contemplo.

Te admiro.

Un abrazo con Amor

Claudia