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Pienso en la otra mujer, aquella mujer tan ‘perfecta’.

Y en aunque jamás he dicho que me comparo con ella, o ni siquiera que pienso al respecto.

En realidad su imagen me atemoriza, su presencia me hace sentir dévil y al mismo tiempo despierta toda la rabia que puedes imaginar.

 

Hay tres momentos en los que conocí a la otra mujer

 

Una de esas veces fue cuando él, sin dar más que una absurda explicación, dijo que yo nunca lo había llenado por completo y se marchó.

Claro que en ese momento yo estaba segura de que el verdadero motivo era la otra mujer. Pero no imaginé que sería por la ‘perfecta’, sino que pensé que sería por aquella mujer pasajera.

Otro momento de mi vida en el que apareció aquella mujer tan ‘perfecta’ fue cuando yo estuve distraída por la tan importante rutina.

Una rutina que yo misma construí en piedra con la seguridad de que sería el resguardo de lo que más amaba. Rutina que sin saberlo estaba moldeando el escenario perfecto para que naciera la otra mujer.

Y en otro momento de mi vida me enfrenté a la otra mujer ‘perfecta’ que existió antes que yo.

Esa que me gana en ventaja de años, experiencias y recuerdos.

Curiosamente, el mayor problema de ella no es su presencia real.

No.

El problema es que ella está sin siquiera estar.

Ella es como una sombra que me acompaña en cada nuevo aniversario. Como si llevara la cuenta y me recordara siempre que ella estuvo antes que yo.

La diferencia entre esta última mujer y las dos primeras de las que te hablo es que las imágenes que tengo de ella si son reales.

Y no solo están en mi mente, en mi vida, en mi presente.

Sino que también están en los de él, mi compañero, mi mejor amigo, mi amor.

Y este gran detalle, curiosamente la hace menos dolorosa.

Las otras dos, en cambio, existen por las imágenes en mi mente.

Crecen en la incertidumbre, en mi miedo y en mi inseguridad.

Y lo más doloroso de todo es que nada de lo que yo imagine será comparable con las imágenes que tiene él en su mente.

 

La otra mujer, por la que él se fue

 

Siempre pensé que todo hubiese sido mejor si es que él hubiese sido sincero conmigo.

De alguna forma imaginé que si él me decía que se había enamorado de la otra mujer yo me iba a sentir mejor.

Pero no es así y no puedo mentirte.

Ahora que escribo esto para ti, no puedo engañarte y decirte que hay una forma mejor de recibir esta noticia. Porque no la hay.

Pensé que él se había distraído por una mujer pasajera.

Alguien que le daría algo diferente, esporádico y nada más.

Pero no.

 

Él se fue por aquella mujer ‘perfecta’.

 

Aquella con la que sí quería casarse.

Por la que sí cambiaría.

Con la que si se comportaría como yo siempre desee que se comportara.

 

¿Qué tiene la otra mujer que no tengo yo?

 

¿Por qué ella se merece aquel amor por el que yo tanto luché?

 

Horribles preguntas que rondaron mi mente cada segundo por meses y meses.

 

Pero seamos sinceras.

 

¿Cómo sabía yo que ella recibía todo el amor que yo había deseado?

 

La verdad es porque yo busqué saberlo.

Yo misma contaminé mi mente de esas imágenes de ellos besándose.

Yo busqué ver las fotografías de su boda y de sus viajes juntos.

Fotografías que por supuesto él las compartió con el mundo entero.

Su felicidad era extenuante, inmensa, incapaz de contener en la privacidad de su nuevo hogar.

Y en mi mente el mensaje llegaba como astillas de hielo que atravesaban mi pecho.

Él había escogido a la otra mujer porque era mejor que yo.

Ella si merecía el amor que yo suplicaba.

Ella valía tanto como para hacer público cada sonrisa, cada beso y cada experiencia.

Es por eso que yo supe que la otra mujer era ‘perfecta’.

Porque en ese momento de dolor solo supe clavarme en más dolor.

 

Pero espera un momento.

 

La verdad es diferente.

 

La otra mujer ni es perfecta ni, se merece más amor que el que yo deseo para mi.

 

Ella tiene al hombre que desea a su lado.

 

Aquel en el que yo alguna vez también creí.

 

Pero si te digo la verdad, él también es el hombre con el que yo jamás tuve paz.

 

La otra mujer, la que nació en mi rutina

 

Quiero pensar que la otra mujer también me tomó por sorpresa.

 

Yo estaba segura de que a mi no me pasaría algo así.

 

Y no me pasaría porque habíamos construido algo para impedir que así fuera.

 

Espera,

algo estoy diciendo mal…

 

En realidad fui sólo yo quien construyó aquella rutina protectora.

 

Se trataba de una construcción única.

Un ambiente alegre de paz, de respeto, de colaboración.

Mucha comunicación…
Había escuchado que esa era la clave de las relaciones de pareja y yo quería tenerla.

Así que hablábamos, reíamos y compartíamos tiempo. Pero todo dentro una rutina ‘perfecta’.

Tan rutinario, tan seguro, tan conocido.

Tan real como lo es el escenario de una obra de teatro.

Porque en realidad el éxito está en la evolución y en la construcción diaria de un nuevo sueño conjunto.

Ahora sé que la otra mujer nació con el encanto de lo nuevo.

Aquel placentero sentimiento tras ver que lo que tú eres o haces es, de alguna forma, especial.

Pero así como ella nació con el encanto de lo nuevo, también nacerá otra.

Yo me convertiré en la otra mujer que está presente como una sombra.

 

Y ella,

ella quizá vuelva a fantasear con el encanto de otro nuevo.

O quizá se convierta en la otra mujer que se compara a sí misma con la siguiente nueva.

 

Pero seamos sinceras.

 

La otra mujer no existió por mi culpa o por mis fallas.

Ella nació en la decisión que él tomó.

Y ella tampoco es ‘perfecta’.

Ella no merece las sorpresas, la atención y la intención más de lo que merezco yo.

Pero ella siempre existió y yo siempre calculé su presencia.

En mi obsesión de demostrarte a mi misma que a mi no me ocurriría.

En el egocentrismo de pensar que yo si puedo cambiar a quien tiene falta de valores me engañé a mi misma.

Me mentí y me engañe.

Y, en lugar de construir algo real, viví en la idealización que me protegía de aquello que yo tanto temía.

 

La otra mujer, la que existió antes que yo

 

Ella existió antes que yo y, por lo tanto, compito con ella en desventaja.

La otra mujer está en los recuerdos.

Hay hermosos momentos que le pertenecen a ella y yo la envidio.

También la critico y me imagino a mi misma estando en su lugar y haciendo un mejor trabajo que el que hizo ella.

Pero al mismo tiempo la admiro. Ella ya no tiene miedo de perder aquello que hoy representa mi sueño de vida.

No tiene ni miedo ni interés, pero aun así me siento intimidada.

Siento que si ella regresara yo tendría que desaparecer.

La imagino regresando, abrazándolo y convenciéndolo de que lo que ellos tenían vale mucho más la pena. Aquella unión de tantos años que no puede ser suplantada por mi.

Y odio cada uno de estos pensamientos y tengo rabia hacia mí misma por imaginar siquiera que eso es posible.

Pero tengo que callar y guardarme la rabia y el miedo.

Ella es intocable.

Sé que no puedo decir nada malo de ella.
Él no me lo permitiría y de igual forma, hacerlo se iría en contra de todos mis principios.

Pero quisiera poder criticarla. Decir que ella no fue buena, que ella no supo amar, que ella es la culpable.

Quiero decir que yo soy mejor que ella y, por lo tanto, que merezco más.

Pero no es así.

No soy ni mejor, ni peor. Ni merezco más o menos.

Simplemente tengo derecho de disfrutar de aquello que yo construyo.

Tengo derecho a regalarme a mi misma una nueva oportunidad sin compararme con nadie.

 

La mujer más valiosa

 

¿Sirve de algo si es que ahora te digo que tú eres la mujer más valiosa?

Sé muy bien lo que sientes.

Sé lo que es coexistir con la otra mujer y conozco aquel horrible resultado al que llegas después de compararte.

Pero también sé muy bien que aquel pensamiento es pasajero porque proviene desde el dolor.

En realidad, cuando te paras junto a la otra mujer y te analizas con una perspectiva objetiva, verás que tú eres la mujer más valiosa para el futuro que tu quieres vivir.

Y es que ahí está la gran diferencia entre tú y ella.

El futuro que cada una desea construir.

Y te aseguro que tú eres valiosa, perfecta y necesaria para ese futuro que tú eres capaz de construir.

No la necesitas a ella.

No necesitas aquello que la otra mujer se llevó.

Tampoco necesitas medirte en comparación con ella ya que estoy segura de que tú quieres algo diferente a lo que quiere ella.

Entonces.

¿En qué mujer es en la que te quieres concentrar?

En la otra mujer que vive otra vida y que construye su propio presente.

O en ti, la mujer más valiosa para el futuro con el que sólo tú sueñas.

 

Cómo olvidarte de la otra mujer

 

No la olvidas.

Si, la verdad es que no la olvidas.

Coexistes.

Ella estuvo durante un momento de tu vida y viviste las consecuencias de su presencia.

Pero eso no significa que tiene que siempre estar ahí, sembrado miedo en tu mente.

La otra mujer está en tu vida en la medida que tú le permitas estar.

Ella tiene la fuerza que tú le entregues y cambiará tu vida cuanto tú se lo permitas.

Es por eso que es tan importante que te veas a ti misma como la mujer más valiosa.

La mujer que tenga más valor en tu mente será la que ganará la batalla.

Batalla que, a propósito, existe únicamente en ti, en tus miedos y en tus inseguridades.

A la otra mujer la vences creyendo en ti.

Cuando tú te sientes poderosa, segura de ti misma y cuando firmemente tomas las decisiones que te hacen feliz, entonces ella pierde valor.

La otra mujer pierde cuando tu vida está concentrada en ti, cuando únicamente te comparas contigo misma, con la versión futura de ti misma.

¿Y cuándo olvidará él a la otra mujer?

No lo se, pero creo que tampoco la olvidará nunca.

Lo siento, sé que no es lo que querías leer, pero ya me conoces y sabes que yo no estoy aquí para mentirte.

Él las recordará a todas, pero no todas tendrán la misma importancia en su vida.

Ya que la más valiosa será siempre aquella con la que construya el presente que él desea.

Lo que no sé es si es que tú y él desean construir el mismo presente.
Pero tú si sabes la respuesta a ello.

La verdad solo la conoces tú.

Y tú decides cuánto valor le das a esa verdad.

Hasta pronto

Marie

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Escritora, asesora especializada en apoyar a mujeres a hacer frente y superar situaciones difíciles mediante el uso de historias, anécdotas, guías, vídeos y libros. Tiene un MBA y un máster de Humanidades. Es también la creadora del Blog Historias para Mujeres y autora del Libro “Siguiente Capítulo”