He compartido contigo un sin número de herramientas e historias para guiarte y mostrarte que no te conformes con menos.

Quiero que te atrevas a más, que te permitas vivir feliz, que no llenes vacíos con eventos externos, ni que te estanques en relaciones mediocres o tóxicas.

Y claro, siempre estoy a tu lado para acompañarte en tu proceso para superar aquella separación por la que aún sufres.

Hoy, una vez más quiero pedirte que no te conformes con menos, pero lo hago de una forma muy especial.

Y en realidad no lo hago solo yo,

sino que te voy a compartir un testimonio de alguien que ya pasó por ese proceso en el que te encuentras tú ahora y que comparte contigo estas palabras para mostrarte que sí hay salida a esa tristeza que hoy te abruma.

El testimonio que te comparto hoy es de Yamila, una mujer extraordinaria que ha plasmado en grandiosas palabras su reflexión y aprendizaje.

Ella quiere mostrarte que no hay ningún motivo válido para conformarte con menos, pero al mismo tiempo te cuenta su historia para que sepas que no estás sola.

La tristeza que estás viviendo es normal, pero no tiene que ser permanente.

Tú puedes superar la separación que viviste, alejarte de relaciones tóxicas o mediocres, dejar de aceptar aquello con lo que no estás de acuerdo y reencontrarte a ti misma en un camino de amor propio.

Yamila es una de mis clientas de coaching y a continuación te cuento su historia, su reflexión y un hermoso poema dedicado para sí misma y para cada mujer que está atravesando una situación similar.

No te conformes con menos porque el vacío inundará tu corazón

 

“Cada vez iré sintiendo menos y recordando más”
– Julio Cortázar-

Recuerdo que cuando mi ex me dejó pasé por una etapa de tristeza tan profunda en la que realmente sentía que me habían arrancado el corazón.

Me había quedado un inmenso agujero en el pecho,

un espacio vacío que casi sin que lo note se colmó de una angustia y una ansiedad que jamás hubiese imaginado que alguna vez sentiría.

Esos sentimientos eran verdaderamente tan abrumadores e intensos que no lograba desmenuzarlos.

Me envolvían de pronto como un gran bloque de concreto imposible de romper.

La importancia de romperlo radicaba precisamente en poder identificar esos sentimientos y lidiar con ellos de manera individual.

No exagero cuando digo que en ese momento definitivamente estaba en guerra, en una guerra interna.

Me rodeaba un ejército con el poder de las fuerzas macedónicas mientras intentaba, inútilmente, defenderme con una pequeña ramita evidentemente incapaz de hacer daño alguno o de funcionar como escudo protector.

 

El miedo y la incertidumbre disparaban mi ansiedad.

La ansiedad desencadenaba  un tsunami de llanto que no solo resultaba imparable sino que distaba mucho de ser catártico o liberador.

¿Por qué lloras?

¿Qué te angustia?

me preguntaban quienes estaban a mi alrededor.

No podía responder esas preguntas porque realmente no lo sabía.

“Por todo”, solía decir.

¿Qué era todo?

No podía identificarlo y mucho menos ponerlo en palabras.

Solo podía sentirme así.

 

Abrumada y vencida por una estampida de angustia y ansiedad, recurría a la investigación.

¿Cuánto dura el duelo por una ruptura amorosa?,

escribía en un conocido motor de búsqueda online, como si las emociones fueran una ciencia exacta.

La amplia mayoría de los artículos disponibles coincidían en que me llevaría entre dos meses y dos años llegar al final de esa etapa.

Yo iba por el mes y medio en ese entonces y de ninguna manera podía suponer que estaba dentro de las personas que superarían la ruptura en el mes número dos.

La superación parecía un objetivo tan lejano como la distancia que existía entre mi ex y yo.

 

¿Se puede superar una ruptura amorosa?

 

Quien lee estas palabras se estará preguntando si finalmente pude superar esa etapa.

Si, pude hacerlo.

Cuando nos encontramos en ese punto en el que sentimos que no vamos a poder, que la tortura emocional (si, realmente se siente así y aparentemente es normal sentirla) va a ser eterna, juegan un rol importante nuestra capacidad de pedir ayuda y la de aceptarla.

La terapia, el coaching y la reflexión fueron las armas más poderosas de las que me serví para pelear exitosamente esa guerra interna de la que hablé en los párrafos anteriores.

Mi familia y mis amigos se convirtieron en mi propia legión.

Yo comandaba el ejército pero era evidente que no estaba sola.

En este punto quisiera referirme particularmente a las reflexiones.

Me encontré en varias oportunidades repasando la historia de mi relación, como intentando llevar al plano racional todo aquello que sentía.

 

 

Tú mereces tu propia felicidad, no te conformes con menos

 

Fue realmente aterrador darme cuenta de que todo, absolutamente todo lo que había vivido en esos últimos cinco años de mi vida estaba empapado de mi ex.

Íbamos a la misma universidad pero mi ex siempre se refería a ese ámbito como algo suyo.

Repetía hasta el cansancio “mi universidad”, a tal punto de que llegué a sentirla como un lugar que no me pertenecía en lo absoluto.

Cada vez que pisaba el edificio o leía un apunte yo me metía en su territorio, lo cual me resultaba doloroso e insostenible en el tiempo.

Había trabajado muy duro para comprarme mi departamento, siempre con la idea de que sea un espacio nuestro.

A pesar de que no convivíamos, mi ex tenía su espacio en el placard, su juego de llaves, un soporte para su guitarra, algunas prendas de ropa y el privilegio de disponer del espacio a voluntad sin tener que sobrellevar las desventajas de la convivencia.

La universidad no era mi espacio, mi departamento no era algo que sintiera mío sino nuestro.

Mis logros más importantes no se sentían míos sino (en el mejor de los casos) nuestros.

 

 

Las reflexiones más reveladoras

 

Lo positivo de tomar distancia en una relación es que se nos presenta la oportunidad de recordar y analizar los sucesos desde un punto de vista diferente.

Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que la tristeza que vivimos no proviene exclusivamente de la ruptura sino de una serie de eventos previos que nos dañaron profundamente durante la relación y que por algún motivo ignoramos.

Necesidades afectivas insatisfechas o postergadas, violencia verbal, falta de reciprocidad, mentiras, infidelidades…

la lista es tan numerosa y variada como personas hay en el mundo.

Es importante tomarse el tiempo de identificar y procesar aquello que vivimos durante la relación.

Pero también es fundamental no detenerse en el pasado de manera perpetua, ya que es claro que no podemos modificarlo.

Sin embargo, podemos aprender de él y es en este aspecto en el que recordar se vuelve una herramienta muy poderosa.

Es una vez que logramos procesar los recuerdos no idealizados de nuestra relación cuando nos damos cuenta de que no era tan perfecta como creíamos y de que quizás tampoco éramos tan felices como suponíamos.

En lo personal, los recuerdos reales de mi relación anterior fueron abriéndose paso entre esos sentimientos abrumadores e idealizados hacia mi ex.

Llegué a preguntarme por qué no había terminado yo esa relación que tanto mal me hacía y por qué compartí tantos años con una persona que no tenía ninguna de las cualidades que yo deseaba en una pareja.

Era evidente que algo interno me sucedía, algo más profundo que esa relación de la que finalmente me alegraba de haber salido.

Trabajarlo y sanarlo estaba en mi y por primera vez en mucho tiempo comencé a sentir que tenía las riendas de mi futuro en mis manos.

Era momento de definir quien quería ser de ahora en adelante y de comenzar a dejar el pasado en el lugar en el que pertenece: atrás.

Era momento de dejar de postergarme como lo había hecho durante tantos años.

Ya era momento de dejar de conformarme con menos de lo que quería y, sobre todo, con menos de lo que merecía.

Y definitivamente era momento de reconocer que nadie merece un amor tóxico, desbalanceado, desinteresado e infeliz.

 

 

Un poema para recordarte que mereces lo mejor

 

Este poema me lo escribí a mi misma y a todas aquellas personas que hoy tienen que transitar este camino difícil hacia la superación de una relación.

 

Mereces

Mereces un amor que te despeine
y se deje enloquecer por tu sonrisa,
a quien cada mañana sin prisa
bese tus labios al despertar.

 

Mereces que te amen con el alma,
durante la tormenta y con el mar en calma.
Mereces a quien te de su compañía,
desde lejos, desde cerca…
cada uno de tus días.

 

Mereces a quien muera por verte,
a quien te cuide, a quien le intereses.
Mereces un amor construido
y, a su vez, deconstruido.
A quien tus logros le alegren,
a quien dé su vida en tus batallas.

 

Mereces a quien no te necesite,
a quien elija quedarse en tu vida,
a quien contigo quiera compartir sus días.
Mereces a quien con su alma te ame,
en la oscuridad y con la luz prendida.

 

Mereces un amor valiente,
sincero, honesto…
sin asuntos pendientes.
Mereces un amor que te llene,
que te cuide el alma,
que demuestre que es mentira que el amor duele.
Porque no es el amor lo que duele
sino el desamor, la mentira,
la indiferencia…el olvido.

 

Mereces un amor que te valore.
Mereces a quien muera por brindarte paz.
Mereces a quien al cometer errores,
se acerque a ti sin rencores,
te tome la mano,
te diga que lo siente.
Mereces a quien siente lo que dice,
a quien le importe lo que te duele.
Mereces a quien te lo compense.

 

Mereces un amor con igualdad,
a quien no tenga miedo de verte llorar,
a quien puedas confesarle tu peor verdad,
a quien conozca tus miedos,
a quien decida caminar contigo
siendo capaz de volar.
Mereces un amor capaz de perdonar.

No te conformes con menos

Autora: Yamila

 

 

Despedida

 

Espero que estas palabras de Yamila te acompañen en una reflexión que te invite a tomar decisiones importantes para ti.

Deseo que te regales la oportunidad de estar feliz, de romper esos lazos que te mantienen atada a una sombra del pasado y que te permitas construir una nueva vida después de una separación.

El dolor es normal y como lo aprendió Yamila, está bien sentirlo, pero es necesario comprenderlo, aceptarlo y realizar aquello que te llevará a superarlo.

Toma mi mano si necesitas ayuda.

 

 

 

Deja ahora tu comentario con cualquier pregunta que tengas, me encantará leerte y apoyarte.

Hasta pronto

Marie