Aunque el corazón me explote de amor, no hay palabras, ni espacios para entregar todo lo que deseo para mi madre, especialmente ahora que también soy madre.

Le dedico estas palabras y las comparto contigo desde el corazón.

Aquí te cuento partes muy íntimas de mi vida, y las reflexiones que albergan mi mente en estos momentos.

Son demasiadas emociones, enseñanzas y deseos, pero intentaré escribirlas de tal forma para que en efecto te animes a compartir más tiempo de calidad y amor con tu madre de ahora en adelante.

 

 

Un pedacito de mi historia

 

El día de la madre del 2019 no pude abrazar a mi mami a pesar de que la tenía cerca.

El día anterior había estado a mi lado durante varias de las horas que tardó mi labor de parto.

Junto a mi esposo recibimos a una pequeña llena de bendiciones y de amor y dentro de lo normal, todo salió bastante bien.

En la noche las cosas se complicaron para mi y me llevaron a un cuarto diferente para darme atención de emergencia mientras mi pequeña dormía en los brazos de su padre.

Ahí las horas pasaron, eternas.

Lograron controlar mi estado y me recuperaría, más lento y con mayor cuidado, pero estaría (y en efecto estoy) muy bien.

Mis pensamientos bailaban entre mi salud, el cuidado de mi pequeña cachorrita que tenía a penas horas de nacida y mi bella madre que se encontraba sola en mi casa.

Era domingo, ella había aterrizado un par de días antes y estaba sola.

Yo no había alcanzado a ir de compras para abastecer la casa en esos días, habíamos planeado ir el sábado, pero en lugar de ello salimos en la madrugada al hospital porque llegaron las contracciones.

Tampoco había sacado el regalo que tenía para ella.

Y ese día de la madre tan especial para ambas, permanecimos separadas físicamente a pesar de que estábamos conectadas desde el corazón.

Ella viajó para estar conmigo porque ella es simplemente la mejor madre que Dios me pudo dar.

Viajó miles de kilómetros, dejando solo al amor de toda su vida por varias semanas, para estar a mi lado en la llegada de mi pequeña.

¡No puedes imaginar cuánto me cuidó!

Estoy segura que sin sus mimos, sin sus palabras, sin sus sonrisas, sin sus deliciosos y extremadamente nutritivos platos y sin su presencia jamás me habría recuperado tan bien como lo hice.

Y también estoy segura de que las canciones, caricias y mimos que entregó a su recién llegada nieta fueron la mejor dosis extra de amor que pudo regalar.

Mi madre, simplemente me ha dado todo siempre y en esos momentos fue esa madre amorosa y dedicada que siempre fue cuando yo era niña.

Y claro, yo siento siempre que me hace falta una vida entera para darle todo lo que quisiera para mi madre.

 

 

Una madre, todo lo que muestra ser

 

¿Qué hace una madre por sus hijos?

Todo lo que siente y cree que en ese momento es lo correcto.

Te lo cuento con el ejemplo más sencillo y hasta casi absurdo que me pasó a mi.

Hace un par de meses, un día de lluvia, llegaba a casa con mi bebé en su coche.

Quité el cobertor de lluvia, me sacudí un poco y al levantar el coche para entrar a la casa me di un golpe en la canilla derecha que me hizo gritar el típico «AUUUU»

Y vi la mirada de miedo en mi nena.

En un segundo paso de sonrisa a pánico y me miraba fijamente buscando en mi la calma a su miedo.

Una bebé que busca en su madre la respuesta con la que reaccionará ante una situación.

Volví a decir «AU» pero esta vez con un todo de risa y de repente estaba haciendo bromas con ello y lo transferí a una canción.

Ahora, meses después, ella imita el «Bum, Au, Arriba, Pum, Pum» que incluye la canción cada vez que entramos a casa.

Y recuerdo el día en el que este ‘juego’ empezó y como la imagen de mi madre se vino a mi mente.

¿Cuántas veces ella también hizo del dolor algún juego para que yo no me diera cuenta?

¿Cuántas veces me distrajo con alguna risa cuando en su corazón había preocupaciones, miedo, dolor, o estrés?

Estoy segura de que fueron millones de ocasiones.

Y lo aseguro porque mi madre me dio una madre feliz, una madre decidida.

Una madre luchadora, perseverante, alegre, ocurrida, amorosa, dedicada.

Un madre únicamente perfecta.

Y no creas que no la vi enojada. ¡Claro que la vi! y me daba miedo.

Y también la veo algunas veces triste, preocupada o nostálgica.

La veo humana, sintiendo, hablando de sus emociones y reflexionando de la vida.

Y lastimosamente la veo solo a través de una pantalla de celular porque aún estamos a miles de kilómetros de distancia. Aún, pero cuento los días para volver a abrazarla.

 

 

Lo mejor que puedo hacer para mi madre

 

Se acerca el día de la madre y ahora que también soy madre no paro de pensar en ella, en todo lo que quiero para mi madre.

Quiero que esté feliz, compartir momentos a su lado, abrazarla fuertemente y escucharla, tan solo escuchar su voz.

Sueño con el instante en el que mi pequeña pueda abrazar a su abuela y me imagino las rizas que compartirán.

Y sé que lo que mejor que puedo hacer para mi madre es compartirle un pedacito de mi vida y estar a su lado.

Lo mejor que puedo hacer para mi madre es tomar sus enseñanzas, su experiencia y sus consejos para aprender de ella.

No emular, aprender.

Aprender desde mi visión de vida y desde mis valores esenciales.

Usar todo lo que ella me ha enseñado y también todo lo que he aprendido por mi cuenta para ser así la mejor madre que puedo ser.

Lo mejor que puedo hacer para mi madre es honrarla siendo una persona de bien y aportando a la sociedad, siendo un fruto lleno de luz y de paz para este mundo que tanto lo necesita.

Y claro, permitiendo y permitiéndome compartir la vida que he construido con ella, la mujer que siempre ha sido lo mejor que ella supo ser.

 

 

Ahora recién entiendo a mi madre

 

Antes de ser madre sentía que yo comprendía a mi mami, que la entendía y que podía ver a través de sus ojos.

Pero ahora sé que tan solo comprendía la mitad.

Ahora entiendo porque mi mami muy pocas veces se enfermó y cuando lo hacía duraba únicamente un día o un par de horas de malestar.

Recién ahora entiendo que es difícil, casi imposible enfermarse cuando tienes una criatura que espera tus besos, tus canciones, tus juegos y su alimento.

No es que mi madre no haya estado cansada o que no se haya sentido enferma, es tan solo que eso era minúsculo comparado con el deseo de ser madre para mi y mis hermanos.

También entiendo su constante preocupación, ese estado permanente entre orgullo y miedo por cada avance o cambio por el que atraviesan sus hijos.

No es que era estresada, sino que tenía la capacidad de ver anticipadamente a lo que podría o no venir.

Y esas energías infalibles que caracterizan a mi madre hasta ahora, que no se queda quieta ni un solo instante.

Desde hace un año que yo también siento esas mismas energías, con la mitad o un tercio de las horas de sueño de las que antes disfrutaba, hoy solo me mueve una vibración interna llena de emoción, vida, alegría y amor.

Una energía y un amor que nació el día que llegó mi pequeña a este mundo.

Y soy consciente de que aunque sienta que hoy comprendo mucho, en realidad cada día aprendo que simplemente estoy aprendiendo y deseo que este constante descubrimiento no acabe nunca.

 

 

Una maternidad consciente que habla de las emociones

 

Con el ejemplo que te conté de mi golpe y la canción que salió de ello no te digo que escondas tus emociones y que te muestres siempre fuerte y feliz.

No.

Es un ejemplo de la perspectiva con la que puedes ver la vida.

Más sin embargo, ante cada situación, la clave es comprender tus emociones y hablarlas.

Yo cada día estoy aprendo a no aspirar ser una madre perfecta, deseo ser una madre feliz para mi hija.

Así que hablo de los momentos que me entristecen con ella, hablo de cómo me siento y le enseño a sus pocos meses de edad que está bien sentirse muy feliz y también triste.

Hablo de las emociones desde el ejemplo y mi hija me entiende.

Y esto también es algo que lo vi en mi madre.

Pero no lo vi de niña, sino más bien más tarde, mucho más tarde.

Quizá porque antes no se consideraba que los niños debiesen saber muchas cosas, o conocer de los problemas de los padres.

O quizá porque mi madre en aquel tiempo tampoco sabía hablar de sus emociones.

No lo sé.

El punto es que ahora, como madre comprendo y valoro el importantísimo efecto que tiene el hablar de las emociones tanto con mi hija como con mi madre.

Hablar de lo que se siente, de los motivos que despiertan esas emociones y de lo que planeo hacer con ellas.

Inténtalo, es increíblemente revelador.

 

 

¿Qué puedes regalar a tu madre ahora?

 

Regálale tiempo, vida, alegrías y experiencias.

La vida es el conjunto de experiencias que tienes que contar y lo mejor que le puedes dar a tu madre pienso que nuevas experiencias que contar.

Que su vida se llene de recuerdos, especialmente de recuerdos sobre ti. Pero que no sean únicamente los recuerdos de cuando eras pequeña, sino también recuerdos de una vida juntas ahora.

Ayúdala a recordar, hablen de lo que fue sus vidas hace 30 años, escucha lo que ella sentía a tu edad y cuéntale lo que tú sientes ahora.

Hablen de los miedos que ella alguna vez tuvo y de cómo los sobrepaso.

Y ten en cuenta que no vas a entender muchas de las decisiones que tu madre tomó o toma, pero no tienes ni que entenderlas ni coincidir con ellas, tan solo se trata de conocer el concepto de vida que tuvo y tiene ahora.

Conoce más a tu madre para que puedas perdonar, dejar ir y superar cualquier sombra del pasado que tengas en tu mente.

Comprende que tu madre hizo lo mejor que creyó en aquel momento según sus conocimientos, experiencia e idea de buena maternidad.

Regala a tu madre tiempo, risas, largas conversaciones.

Y si nunca antes lo has hecho, entonces ten paciencia y disfruta también del silencio estando acompañada.

Deja que el amor invada sus momentos, incluso si son momentos de silencio, o si son instantes de discrepancia.

Permítete dar a tu madre amor incluso si este tan solo está en escucharla en silencio.

 

 

¿Cómo dar el mejor día de la madre?

Primero que todo, olvídate de que tienes que solo preparar algo para tu madre en el día de la madre.

El día de la madre es hermoso, las familias se reúnen, la mamá recibe regalos y se comparte, en la mayoría de los casos un buen momento.

Pero también puedes preparar algo especial para tu madre en otro día.

Especialmente ahora que muchas de las familias no podemos estar unidas.

Así que el regalo sea tener tiempo para vivir un experiencia juntas.

Una llamada telefónica larga cada semana, visitas en cuanto se pueda, un viaje juntas, un café en un lugar bonito o como era y será en mi caso: una tarde completa comiendo mandarinas mientras leemos un par de libros sentadas una junto a la otra.

Esos son los momentos más importantes, ese es el mejor regalo.

Las mujeres siempre decimos que queremos estar tranquilas, felices estando en paz, así que piensa en qué es lo que da paz a tu madre y comparte eso con ella.

Disfruta de ti, disfruta de ella y llénate de historias para contar.

 

Si quieres conocer a mi mami te invito a leer un artículo escrito por ella:

«Carta de una abuela empoderada»

 

Y ahora si cuéntame

¿Qué quisieras dar a tu madre en este día de la madre?

 

Hasta pronto

Marie