El camino ha sido demasiado largo.

Mi esposo falleció hace unos años y recuerdo perfectamente el sentimiento que dominaba mi vida.

Me sentía rota, que no pertenecía a nada, no me sentía yo misma, sentí que una parte enorme de mí se fue con él.

El café de la mañana ya no sabe igual.

No te sientes como realmente eras y, aunque lo intentes demasiado, nadie vive tu lucha y nadie más puede entender todo aquello por lo que atraviesas día con día o el trabajo que te cuesta levantarte de la cama y continuar con tu vida sin saber por donde vas.

¿Has sentido que no eres la misma persona que eras ayer?

No tiene nada de malo aceptar que nos estamos convirtiendo en otra persona, debemos entender que en este camino llamado vida vamos a sufrir cambios.

Vamos a evolucionar así que tranquila, ya llegara la versión mejorada de ti misma.

En este articulo comparto contigo el camino que a mí me funcionó para lograr reconstruirme tras una pérdida.

Te lo cuento desde mi experiencia y desde lo que yo viví a lo largo de mi proceso.

Lo resumo para ti en:
5 consejos para reconstruirte tras una pérdida los cuales pueden apoyar tu propio proceso.

¿Me acompañas?

 

 

1. Renunciar para tener

 

¿Después de tu pérdida hay alguien con quien ya no te sientas cómoda?

A mí me pasó.

Ya no podía estar en la misma habitación con personas con las que antes me sentía conectada.

Tras mi pérdida, recuerdo bien que ciertos lugares, personas o acciones propias ya no me permitían sentirme plena o feliz.

Así que pongo en primer lugar este punto,

SUELTA Y FLUYE

no pasa nada si dejas de ir al mismo café donde ibas con tu pareja porque hacerlo te trae un sentimiento de abandono, culpa o infelicidad.

Estás renunciando a ese lugar para tener tranquilidad y estabilidad emocional durante este proceso, ya llegará el día en el que te vuelvas a sentar ahí mismo y solo quede el recuerdo sin afectarte.

No te sientas mal.

No estas tirando en la esquina del olvido todo lo vivido, simplemente en este momento de la vida no es de mucha ayuda.

Recuerdo el dolor que sentía cada vez que veía la foto familiar que tenia en mi sala.

Mi hija lloraba descontroladamente al verla, o sea mínimo unas 3 veces al día.

Y yo luchaba tanto para que ella viera esa foto no como un recordatorio de lo que ya no tenia, sino que quería que ella viera esa foto y sintiera el amor que vivió al ser tomada.

Renuncie a la foto de mi sala por mi tranquilidad diaria y la de mi hija.

Ahora, años más tarde, la foto está en un marco mas grande y más bonito.

Ahora cada que mi hija la ve, recuerda exacto el día en que pasó y todo el amor intacto de su padre.

Muchas veces no se trata de una persona, de un objeto o de un lugar.

Muchas veces es más difícil renunciar a una conducta que nos perjudica.

Tal como la AUTOCRITICA.

Somos demasiado crueles al momento de emitir una opinión sobre nosotras mismas, no vemos más allá de lo que creemos nosotras que son nuestros errores.

Así que por favor RENUNCIA a esta conducta.

Deja de verte a ti misma como la persona menos merecedora de felicidad y amor.

Date a ti misma ese beneficio infinito de privarte de cosas, personas, acciones, lugares, etc, que te impidan sentirte mejor durante el proceso de reconstrucción por el que estas atravesando.

 

 

2. Maximiza el poder de disfrutar

 

Recuerdo bien la culpa que llegué a sentir por sonreír o sentirme feliz en algún momento.

No me sentía merecedora de abrir los ojos día con día.

Me culpaba a mí por ser yo quien abría los ojos todos los días porque ante mis ojos, él merecía más quedarse aquí que yo.

Pero me levanto todos los días pensando que tengo una oportunidad para vivir, para trascender, para dejar una huella.

¿Te has sentido culpable por ser tú quien esta teniendo éxito ahora?

Recuerdo que mi terapeuta dijo que debía permitirme vivir sin culpa y disfrutar las pequeñas cosas que me ofrecía el día a día.

Así que decidí vivir bajo el lema de

«SOLO POR HOY»

disfrutando hasta lo más insignificante de mi día, dejando fluir todo aquello a través de mi y los míos.

Siendo feliz por decisión por lo que hoy tengo.

Inténtalo, y fluye

¿A quien caería mal sonreír de la nada?

Emprende ese negocio, ve a esa clase de pintura que aún dudas en ir, hazte ese corte de cabello, ve a correr al parque, come ese pastelillo, ve al cine en compañía de tus hijos, compra esas flores de las que te enamoraste en esa esquina…

Añade leche a tu café de la mañana, maquíllate los labios de ese nuevo color, ponte esa camiseta que tienes años sin usar, y sobre todo

NO TE SIENTAS CULPABLE DE PODER HACER TODAS ESAS COSAS,

simplemente disfruta que puedes hacerlo.

 

 

3. Sentir pertenencia

 

Es normal que después de una perdida llegue el sentimiento de

«NO PERTENEZCO A NADA»

¿Te ha pasado?

Es horrible ¿verdad?

Yo hasta dejé de sentirme parte de la familia de mi marido.

Ya no había alguien que fisicamente me uniera a ellos.

Luché mucho para dejar de sentirme así, me preguntaba siempre por qué había fallecido mi marido y no el de la persona que tenía frente a mi en esa cena familiar.

Salía de ahí en crisis.

Me sentía la peor de las personas por desear la muerte ajena y envidiar a alguien, pero después entendí que era normal y aceptable que tanto ellos, como yo, sintiéramos eso en ese momento de la vida.

Ya llegaría el momento de volver a sentirme parte.

Pero por el momento traté de sentirme parte de algo.

Todo lo que con anterioridad me gustaba, en ese momento dejó de hacerlo, así que opté por visitar nuevos lugares, hablar con nuevas personas, integrarme a grupos donde siempre había querido.

Y así, paulatinamente comencé a formar parte de algo.

Me ayudó mucho sentirme acogida por personas con las que no había tenido oportunidad de convivir y ahora son parte de mis mejores amigos.

Ellos no conocieron a la anterior yo. Solo conocían la nueva versión de mí y parecían sentirse cómodos conmigo, al igual que yo con ellos.

Al pasar el tiempo me di cuenta que mi circulo de amistades cambio casi al 100%.

La persona que era mi mejor amiga, ya no lo es.

Ese lugar que me daba tranquilidad, ahora ya no me la da.

Mi blusa favorita estaba escondida en el cajón.

Cambié mi alimentación, cambié mi rutina diaria, cambié mi perspectiva de vida.

Esta nueva yo comenzaba a sentirse de nuevo perteneciente a algo.

Podía hablar por horas con alguien sobre la vida misma, podía correr 10 km solo para sacar el estrés del día, podía salir a bailar con varios amigos sin sentir culpa, y así, una larga lista.

Volví a pertenecer.

Todo aquello que se veía lejano, hoy está aquí.

Esta tribu en la que fui a parar me ha hecho sentir que hay más personas en el mundo que están dispuestas a ofrecerte su mano para levantarte.

 

 

4. Agradece la emoción

 

¿Puedes sentir agradecimiento por la tristeza/ dolor/ felicidad/ etc cuando llega a tu día?

Suena bastante ilógico sentirte agradecido por sentirte triste, pero es algo que me costo entender.

Cuando comencé con la meditación matutina, una de las personas que me mostró este bello camino nos decía lo siguiente:

  • visualiza en tu mente la emoción,
  • obsérvala,
  • déjala que llegue a ti
  • abrázala
  • siéntela
  • vívela

Solo viene de paso, se irá muy pronto.

Acéptala en tu casa y ábrele la puerta para que se marche.

Al momento de que salga, dile GRACIAS por venir, hacerte presente, dejarme sentirte y sobre todo, por la experiencia vivida y la enseñanza que deja al marcharse.

Cuesta mucho trabajo aceptar una emoción y sentir el derecho de vivirla, pero al final del día, los únicos responsables de nuestra salud emocional somos nosotros mismos, y reprimir emociones nos afecta tanto física como emocionalmente.

Así que tómate un respiro y si necesitas un momento del día para sentir esa emoción, HAZLO y sobre todo, no olvides abrirle la puerta para que salga de tu corazón.

No podemos vivir toda nuestra vida reprimiendo esas ganas de llorar.

No podemos guardar en un cajón la tristeza después de haber tenido un mal día.

Tampoco podemos echar al rincón la felicidad que sentimos en algún momento sólo porque creemos no merecerla del todo.

Nada en el mundo es para siempre y tenemos la capacidad eterna de elegir.

Así que por favor,
elige ser agradecida con todo aquello que entra y sale de tu vida y sobre todo, mantén los ojos bien abiertos para que puedas percibir la magia de vivir con lo que ahora tienes.

 

 

5. Serenidad para reconstruirte tras una pérdida

 

¿Has escuchado o leído la oración de la serenidad?

Yo jamás fui una persona «religiosa», pero me considero una persona bastante espiritual.

Recuerdo haber escuchado esta oración y todo sacudió mi cabeza al llegar al párrafo que dice así:

«Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia.«

No hay mucho que explicar, porque aquí es el punto donde se encuentran todos los anteriores.

Aquí es donde, creo yo, que nos cuesta más trabajo.

Dejar de intentar que algo funcione, dejar atrás aquel sentimiento que no nos trae nada bueno.

Intentar tener acción de cambio ante situaciones que nos están impidiendo disfrutar.

Influir en el cambio propio al renunciar a aquella costumbre que teníamos arraigada.

Ojalá en algún momento de la vida puedas volver a construir ese templo sagrado en el que habitas, no hay tormenta que iguale la fuerza del huracán que vive en ti.

 

Hazte merecedora del mundo entero si así lo necesitas.

Siéntete más humana y no seas tan dura contigo misma, porque al final de todo esto

¿Qué crees?

lo único que tienes seguro es TU COMPAÑIA.

No puedo darte la formula secreta, pero sólo intento compartir contigo lo que en mi experiencia me ayudó a salir del lugar en el que me metí después de mi tragedia.

No pretendo minimizar tu dolor.

Sólo quiero que sepas que llegarás a la luz al final de este túnel tan oscuro.

Quiero que tengas la certeza de que luchando de tu mano, volverás a apreciar aquella luz del día que entra por tu ventana, directito a tu alma.

¡Tú puedes hacerlo!

 

Espero poderte ser de ayuda y, sobre todo, encuentres un pedacito de mí en esto que comparto contigo.

Elizabeth