Ser feminista está de moda. Muchas se otorgan ese título sin siquiera saber lo que significa y lo que no. Y ese es un gran problema! Porque quienes no tienen ni idea de lo que significa se han dedicado a criticar las características de ser mujer.

Y así, de repente querer ser princesa es algo malo.

Como si ser mujer fuera una debilidad…

No lo entiendo!

¿Por qué tiene que ser «malo» querer ser una princesa?

Hoy tod@s hablan respecto al feminismo. Hay quienes atacan directamente a los hombres. Mientras que hay también quienes luchan seriamente por los derechos de las mujeres.

Yo misma escribí un artículo muy serio sobre la violencia contra la mujer y respeto enormemente a quienes trabajan diariamente por cuidar más de nuestros derechos.

Pero no estoy de acuerdo con etiquetar a la feminidad como algo malo.

Yo quiero usar vestidos y ser y sentirme femenina sin que eso sea también una crítica.

Y es veo que de repente que hay demasiad@s criticando a las mujeres que disfrutan de ser femeninas.

Que si hablo con un tono de voz suave soy débil…

Que si me siento recta y no digo malas palabras soy una mujer oprimida por la sociedad…

Y ni se diga de mi gran preferencia a usar vestidos.

NO LO ENTIENDO!!!

Mi feminidad es parte de lo que me hace sentir poderosa y no quiero que sea criticada.

 

La feminidad es un atributo de ser mujer

¿Qué tiene de malo querer usar vestidos?

Yo los uso, me encantan! Si pudiera los usara todos los días.

¿Por qué no regalar un vestido de brillos a mis pequeñas sobrinas?

Acaso al hacerlo le estoy inculcando ser débil.

No señoras,
usar vestido NO te hace más débil.

Ser niña y jugar a bailar y cantar usando un gigantesco vestido color rosado no significa que será una adulta frágil, inútil o débil. Solo significa que está disfrutando de su infancia como le nace hacerlo.

Verme más femenina no me hace menos. Y si me gusta el color lila no me hace menos inteligente.

Yo me siento orgullosa de ser mujer. Soy femenina y eso no tiene nada de malo.

No veo por qué debería inculcar a las niñas a odiar el color rosado, u obligarlas a comportarse como niños. Deberían poder jugar con lo que quieran; sin que ser princesa sea algo malo ni creer que ser mujer es ser negativo.

De la misma forma cómo defendemos el derecho de las niñas a jugar con autos y a trepar árboles, deberíamos defender su elección de jugar con muñecas y coronas.

Queremos que los niños jueguen con cocinas; pero protestamos que ese sea un juego de niñas…

Por favor! Un poco de balance, esto se trata de equidad, no de implantar nuevas etiquetas igual de discriminadoras.

¿Por qué de repente desear tener la piel suave o las manos bien cuidadas es un pecado?

Están equivocados! Querer cuidar de una misma no significa que seamos frágiles. Significa que nos amamos y que engrandecemos nuestras fortalezas.

Las características femeninas no nos hacen inútiles. Somos mujeres y NO HAY NADA DE MALO con ello.

Y por si lo preguntan, los hombres con la piel suave y las manos bien cuidadas no son frágiles, por lo contrario, suelen ser más atractivos…

¿Por qué de repente tengo que ser más «macha» para tener respeto?

Yo soy mujer y no tengo la más mínima intención de querer actuar como un hombre. Soy diferente por millones de motivos y no quiero dejar de serlo.

Soy mujer, soy femenina y no necesito ser más «hombre» para ser más exitosa.

 

Orgullosamente me considero una princesa

Quizá el problema es el concepto que tenemos de las princesas.

Pero eso es tan solo ignorancia. Haber visto una película infantil y haber tomado de ella una única enseñanza de que las princesas son débiles.

En mi mente, el concepto de princesa es diferente.

Me considero una princesa porque me considero importante y PODEROSA.

Tengo la necesidad de sentirme feliz al verme al espejo, por lo tanto, haré lo posible por usar lo que a mí me gusta. (Lo cual lo más probable es que sea un vestido)

Soy una princesa porque me gustan los tratos suaves. Y esto es algo únicamente personal, no digo que con todas deban ser igual.

No me gustan los insultos, ni los gritos, ni las malas palabras. Pero eso no tiene nada que ver con ser princesa, sino con mi opinión de respeto.

Me gusta que me inviten al cine y si pagan todo, no me siento menospreciada. No siento que quien me invita tenga mayor poder. Y tampoco siento que le debo pagar de alguna forma. Lo tomo como un simple gesto de cortesía, porque NO TENGO QUE DEMOSTRAR todo el tiempo lo independiente y poderosa que soy.

También me gusta invitar o cocinar algo especial para mi esposo sin motivo aparente. Y no lo hago porque mi lugar sea la cocina o porque esa sea mi obligación. Lo hago por el gusto de compartir una experiencia bonita con quien es importante para mí.

Me gusta que me abran la puerta del auto y que se levanten a saludar cuando llego. Y eso no significa que sea inútil o débil.

mujeres empoderadas¡Yo sé muy bien todo lo que puedo hacer, no necesito demostrarlo todo el tiempo!

Ah!

Y está bien si piensas diferente. En realidad, eres libre de hablar, comportarte, hacer y deshacer todo lo que tú quieras. Solo no te equivoques al pensar que las mujeres que no dicen groserías son tontas, ni tampoco creas que usar vestidos las hace inútiles.

 

Educada como una princesa

Yo fui educada como una princesa y me siento muy agradecida de ello.

Mi padre me enseñó con el ejemplo. Al llegar a casa lo primero que hacía era saludar a mi madre con un beso, luego veníamos nosotros, los niños.

Mis padres discutieron, millones de veces, seguro fueron más de las que yo vi. Sin embargo, jamás escuché a mi padre decir una mala palabra, un insulto, o una grosería a mi madre. Y a mi madre igual. Y créanme, las discusiones podían ser fuertes, pero jamás irrespetuosas.

Cuando digo que fui educada como una princesa me refiero a que fui educada para ser poderosa utilizando la mejor versión de mí.

Mi padre insistía en que me siente correctamente y corregía mi lenguaje (me refiero a pronunciación). Mi madre me inculcó la lectura y me ayudaba a aprender. Además, cuidaba de mi atuendo y me obligaba siempre a usar gorro para protegerme del sol y licras largas debajo de mis vestidos.

Soy afortunada puesto que nunca me faltó amor. No me educaron diferente por ser mujer y aunque crecí en un país con una cultura extremadamente machista, en casa jamás me atribuyeron comentarios machistas.

Solían encantarme las Barbies y mis libros favoritos de niña eran las aventuras de Barbie.

También me enseñaron a crear y a buscar las soluciones. Aprendí a usar el martillo desde muy pequeña y con trozos de madera construía los muebles para mis muñecas.

Aprendí también a coser e hice vestidos a mis muñecas.

Me enseñaron a ser mujer y que ser mujer significa ser capaz de hacer todo.

Lo vi con el ejemplo de mi madre que, aunque siempre tiene sus manos suaves e impecables, es capaz de arreglar cualquier cosa y manejar cualquier tipo de maquinaria.

Ser mujer es poder hacer todo de una forma única.

Porque ser femenina no significa ser inútil.

Ser una dama no significa ser incapaz.

Y ser princesa no significa ser ignorante, ni esperar que alguien venga a solucionarte la vida.

Ser princesa significa ser la MUJER que quieres ser.

 

Yo soy una «princesa ninja»

Al decir esto comparto contigo algo que en realidad es muy muy íntimo en mi vida actual.

Mi esposo hace más de dos años me puso el apodo de Ninja debido a un campeonato de Pistolas Laser que jugamos con varios de nuestros amigos. Me llamó así porque dice que corría y que me movía como una ninja. Yo le sonreí encantada y le dije que no sólo era una ninja, sino una Princesa Ninja.

Porque sí, soy mujer, tengo la piel suave, uso vestidos y mis colores favoritos son el blanco y el lila.

En el colegio dibujaba flores cuando estaba aburrida y hasta ahora dibujo corazones en el espejo empañado del baño.

Pero también soy luchadora.

Si me lo propongo manejo a altas velocidades y se conducir desde moto hasta tractor.

Se cambiar una llanta, el aceite e incluso reparar un radiador viejo en media carretera.

Se usar el hacha y la motosierra.

Trepo árboles mejor que nadie, lo hacía desde pequeña y en ese entonces lo hacía usando vestidos gigantes de fiesta.

Soy deportista, levanto pesas (aún no muy pesadas) y jamás me niego la oportunidad de intentar algo.

Pero en todas y en cada una de esas actividades valoro ser mujer. Me muevo como mujer, hablo como mujer y me comporto como mujer.

No lo hago para impresionar a los hombres. Tampoco lo hago para demostrar que soy más que un hombre.

Lo hago simplemente porque esa es mi naturaleza.

Y es que ser princesa, usar vestidos y tener las manos siempre bien arregladas no tiene nada de malo, ni me incapacita para hacer otros cientos de cosas.

Querer ser ese tipo de mujer no tiene porqué ser criticado! porque ser mujer femenina no tiene nada de malo.

 

Somos diferentes a los hombres

Es verdad que nos merecemos los mismos derechos. Equidad laboral, igualdad de condiciones y accesos…

Los hombres y las mujeres somos iguales en muchos aspectos.

PERO SOMOS MUY DIFERENTES.

Empezando porque físicamente estamos construidos de una forma diferente. Nuestros cerebros son diferentes, tienen conectores neurológicos y estructuras diferentes.

Luego viene la masa muscular y la capacidad de desarrollarla.

Y sin duda, el sentido de protección y capacidad de ver con enfoques diferentes.

Los hombres tienen la capacidad de concentrarse en una y una única cosa.

Las mujeres en cambio tenemos esta gran capacidad administradora. Podemos ver cada situación con un enfoque más amplio, a veces demasiado amplio. Y guardamos en nuestras mentes un listado infinito de cosas que debemos hacer por nuestros seres queridos.

Yo no quiero comportarme como un hombre, ni tampoco quiero pretender ser uno, ni mucho menos decir que ser mujer es mejor que ser hombre.

Las mujeres son diferentes a los hombres. No más, no menos, diferentes.

Yo me considero extremadamente fuerte, sé que puedo hacer todas las cosas sola, pero me encanta cuando es mi esposo quien carga la caja de leches. Sé que a él le cuesta menos esfuerzo que a mí y eso no me convierte en una mujer débil, ni inútil, ni dependiente.

Simplemente me convierte en una mujer inteligente que sabe pedir ayuda.

 

¿Qué tal si en lugar de insistir en que los hombres sean más como las mujeres y que las mujeres sean más «machas», no empezamos a vernos como UN EQUIPO y a tomar lo mejor de cada uno?

Esta pregunta final es mi propuesta y mensaje.

No criticar a las mujeres que quieren ser más femeninas. No etiquetar a la feminidad como debilidad. Y tampoco competir con los hombres como si tuviéramos que demostrar todo el tiempo algo.

Defendamos nuestros derechos, exijamos equidad, pero no nos ataquemos entre nosotros. Aprendamos a ser un equipo y a tomar lo mejor de cada uno.

 

Espero te haya gustado esta reflexión y que hoy no tengas vergüenza de ser una princesa.

Si así lo quieres, usa vestidos, cuida de ti, pide ayuda cuando lo necesites, etc.

Date a ti misma el trato y el respecto que quieres y permite que otros te traten bien.

Créeme, ser mujer, ser femenina y poder ser una poderosa princesa es una de tus mayores ventajas.

Hasta pronto

Marie