El día de hoy, por motivo del día mundial contra la violencia a la mujer comparto con ustedes la historia de una mujer, que como muchas otras, sufrió del acoso de su ex sin prevenir que aquello terminaría violentamente.

Esta es la historia de Cristina, una mujer que después de 9 años se atrevió a contar por primera vez lo que le ocurrió cuando era muy joven.

Cristina nos cuenta su experiencia porque ella desea que más mujeres se animen a hablar al respecto. Yo veo que su historia, al igual que muchas, debe ser escuchada y debe ser un ejemplo de apoyo para muchas otras mujeres en el mundo.

Del acoso a la violencia

La historia de Cristina ocurrió en el 2004 cuando ella tenía 18 años y su agresor tenía 21.

Cristina lo conoció a través de una de sus amigas. El grupo social creció, eran todos muy unidos y cada fin de semana tenían un plan juntos.

Ella salió por un tiempo con él y fueron pareja por algunos meses. Pero para Cristina la relación no funcionó y decidió terminar.

Para ella la situación era normal, jamás imaginó que él se iba a rehusar y mucho menos imaginó todo lo que llegó después.

Él se nego a aceptar que Cristina no lo quería y la acosó por varias semanas antes de atacarla.

“Nosotros no terminamos en buenos términos.

Él insistía en que debíamos continuar con la relación. Se paraba afuera de mi casa por horas, me llamaba insistentemente por meses.

Después de un tiempo yo empecé a salir con otra persona y el acoso fue peor.

 

Él me buscaba siempre llorando, me suplicaba que volviéramos, insistía en que no podía vivir sin mí y yo muchas veces sentí pena.

Yo no quería verlo sufrir.

 

Me sentía culpable por su malestar y cometí el error de escucharlo en lugar de poner un límite a su acoso desde un principio.

En la mayoría de los casos es común, e incluso normal sentirnos apenadas por el sufrimiento de otra persona.  Es natural no querer que otros sufran y es normal desear mejorar la situación.

Sin embargo nuestro bienestar debe ser siempre nuestra prioridad.

Era normal que Cristina sintiera lástima por su ex novio. Incluso es entendible que ella deseara que él estuviera bien. Sin embargo Cristina debió poner un límite el minuto exacto en el que la situación empezó a afectar su vida y su paz.

Pero Cristina no se percató de los peligros y de las consecuencias de aquel acoso.

“La familia de él y mis amigas sabían del acoso”

Le pregunté a Cristina si alguien más sabía del acoso que estaba viviendo y esto fue lo que me contestó.

“Conté a modo de chisme a varias de mis amigas.

Les decía que mi ex no lograba superarme y que se estaba volviendo loco.

 

Nos reíamos al respecto.

Mis amigas lo conocían y estimaban, decían que era un buen chico y que el pobre debía estar sufriendo por nuestro rompimiento.”

“No pensé que el acoso era algo grave”

“Pero ninguna de mis amigas lo vio como algo grave así que yo me despreocupe.

 

Hubo una noche en la que él gritaba afuera de mi casa amenazando con tomarse cloro si yo no volvía con él.

 

Aquella vez me asusté mucho y llamé a su madre.

A ella le conté lo que pasaba y lo que había estado pasando. Dudo que ella tomara en serio mis palabras.  Solo me dijo que hablaría con él, pero las cosas no mejoraron mucho después de eso.”

Amenazas, acosos, presiones, insistencias, llamadas y mensajes indeseados, etc.

Cualquiera de esas actitudes debe ser visto como una alerta grave en nuestras vidas. Todas y cada una de estas acciones debe ser denunciada y restringida inmediatamente para tomar precauciones.

Hay que dar importancia a estas situaciones sin escandalizarse ni tener miedo.

Mientras más pronto se pongan límites más fácil será detenerlas. Es muy probable que muchas de las amenazas no se cumplan pero ese tipo de actitudes son dañinas y no debemos permitirlas en nuestras vidas.

Cristina hizo bien al llamar a la familia de él, buscar apoyo en los padres era necesario. Lastimosamente nadie imaginó que lo que ocurría eran alertas de que algo más grave estaba aún por ocurrir.

“Pensé que con el tiempo el acoso pararía”

La noche del ataque llegó semanas después, justo cuando los acosos habían disminuido y Cristina se empezaba a sentir más tranquila.

“Era viernes por la noche y estaba en la casa de mi mejor amiga festejando el cumpleaños de ella. Había una gran fiesta y la casa estaba llena de personas conocidas.

Todo estaba bien hasta que llegó él.

 

Recuerdo que lo vi entrar por la puerta con las manos en los bolsillos del pantalón y con una actitud desafiante. Nuestras miradas se cruzaron inmediatamente y podría jurar que sentí su ira al verme.

 

Cuando él llegó a la fiesta supe inmediatamente que él haría una escena, así que llame un taxi y me alisté para regresar a casa. Ya había tenido suficiente acoso por parte de él y no me sentía cómoda con su presencia.

“Él quería mi atención y yo solo quería huir”

“Me despedí únicamente de un par de amigas y salí de aquella casa lo más disimuladamente posible. Pero claro, él me seguía en cada uno de mis movimientos. Cuando estuve afuera lo escuché gritar mi nombre desde las escaleras.

 

Él insistía en que debíamos hablar.

 

Yo me negué y di media vuelta esperando que el taxi llegara cuando escuche un golpe y un grito horrible.

 

Regresé a ver qué había ocurrido y vi que un par de personas de la fiesta habían salido también. Entonces lo vi a él recostado en el suelo al final de las escaleras. Y entre llantos gritaba que yo lo había empujado escaleras abajo.

 

No recuerdo exactamente si en ese momento dije algo o no, pero recuerdo que me giré y salí corriendo hacia el taxi que había acabado de llegar.

 

Desde el taxi llamé al chico con el que estaba saliendo y le conté todo lo que había pasado. Por fortuna lo hice. Él me tranquilizó y antes de colgar le prometí que lo llamaría al llegar a casa.

Pero eso no ocurrió.”

Cristina recuerda aquella fiesta con algo de resentimiento, Muchas de sus amigas estuvieron presentes, muchas de ellas sabían del acoso que ella estaba viviendo pero nadie vio la gravedad del asunto. Ni siquiera ella misma.

Aquel drama fue visto como una pelea de adolescentes. Los acosos de él fueron vistos con pena y la situación general era un chisme para burla de todos.

“Pensé que al alejarme estaría a salvo”

Cuando Cristina llegó a su casa no se dio cuenta que la estaban siguiendo.

Ella pagó y se bajó del taxi. Abrió la puerta principal de su casa, entró y justo antes de volver a cerrar la puerta escuchó un sonido muy fuerte.

El primer golpe llegó.

Ella no recuerda muy bien qué fue lo que pasó ni en qué orden.

“Recuerdo la imagen del suelo acercándose a mi mientras yo caía tras el primer golpe. Claro que en mi mente lo recuerdo todo muy lento y muy largo al mismo tiempo.

 

Recuerdo sentir que algo me jalaba de los tobillos mientras yo intentaba aferrarme al piso o sujetarme de algo.

 

Estoy segura que pateaba y me movía como loca. Pero en realidad no lo recuerdo claramente.”

“Pedí ayuda a la persona equivocada”

“Logré coger mi celular y llamar a una amiga que había estado conmigo en la fiesta de esa noche. Recuerdo claramente que le dije que pidiera ayuda y que viniera a verme.

 

Y desde entonces me mantenía afferrada a la esperanza de pronto llegarían a ayudarme.

 

Recuerdo como él me arranchó el celular.

 

Tengo la imagen de la pequeña mesa de centro rota y la alfombra sobre la que yo estaba recostada.

 

Recuerdo muchas imágenes en silencio, como si todo lo que había ocurrido hubiese sido sin audio.

 

Finalmente recuerdo ver los pies de él alejarse rápidamente y los pies de alguien más acercarse a mí.

 

Por fin habían llegado a ayudarme”

Lastimosamente aquel mes los padres de Cristina estaban de viaje y ella se encontraba sola en casa. Su ex novio la había seguido después de hacer aquella escena en la fiesta y la atacó brutalmente cuando ella ingresó a su casa.

Cristina tuvo la suerte de que el chico al que llamó desde el taxi se preocupó al ver que Cristina no volvió a llamar como se lo había prometido.

“Tuve la suerte de que alguien más se preocupara por mi”

Él llamó al celular y a la casa de Cristina sin tener respuesta. Así que asustado fue a buscarla pensando que algo le había pasado en el taxi.

Él tampoco imaginó el peligro que representaba el ex de Cristina.

Cuando aquel chico llegó a casa de Cristina vio la puerta principal abierta. Él entró y vio a Cristina acostada boca abajo en el piso de la sala. Escuchó pasos al otro lado de la casa y corrió esperando alcanzar al agresor y lo vio saltar desde el pequeño balcón hacia la calle.

Él corrió con la intensión de atraparlo. Pero al ver a Cristina inmóvil se concentró en asistirla. La tomó entre brazos y la llevó para darle atención médica.

Estos fueron los resultados:

  • Ninguna lesión severa ni hueso roto.
  • Un pequeño corte en la ceja derecha y otro en la parte posterior de la cabeza.
  • Morados dispersos en todo el cuerpo sobre todo en brazos y pecho.
  • Tres uñas levantadas por completo.
  • Marcas en los brazos por haber sido amarrada con el cable del teléfono.
  • Una mesa, un florero y un teléfono rotos

Nada lo suficientemente “grave” para ser penado por las absurdas leyes.

“Me costó entender que había sido atacada”

“Yo me desperté al día siguiente y me costó un par de minutos entender lo que había pasado.

Yo había sido atacada.

 

Había pedido ayuda a la persona incorrecta pero tuve la suerte de que alguien más se preocupó por mí y me fue a buscar. No tenía ninguna herida física permanente pero la huella de aquella noche me durará por siempre.”

“Lo peor fue la vergüenza”

Lo peor de todo fue el sentimiento de vergüenza.

No entiendo porque me sentía tan avergonzada, concluí que lo que había ocurrido era mi culpa porque yo lo había provocado.

 

El acoso que recibí las semanas anteriores al ataque había sido fuerte y constante. Tanto que cuando éste ocurrió yo me sentí llena de vergüenza y culpa.

 

Un par de días después del ataque hablé con mis amigas. La única llamada que pude hacer pidiendo ayuda había sido a una de ellas y ella no había hecho nada.

 

Le reclamé por ello, reclamé a todas, pero para sorpresa mía, mis amigas creyeron que yo estaba exagerando. Me dijeron que ellas también conocían a mi ex y que sabían que él era incapaz de hacer algo así.

 

Ellas creyeron que se trató de un drama amoroso y nada más.

 

Eso causó que yo me sintiera aún más culpable y avergonzada.

 

No quise hablar de ello nunca más en mi vida.

 

No se lo volví a contar a nadie y le supliqué al único testigo que había, que no hiciera nada al respecto.

Ahora me arrepiento de eso.”

Lo que Cristina sintió es muy común entre quienes han sufrido maltrato físico.

El sentimiento de vergüenza puede ser tan poderoso y paralizante que nos impide tomar acciones al respeto. Es muy común que restemos valor a lo que ocurre y con eso esperamos olvidar que ocurrió. Sin embargo es mejor buscar la ayuda apropiada para superar los daños emocionales que eso nos pudo haber causado.

“Aprendí a vivir con eso”

“Decidí olvidarme de ello, me negué a mí misma a pensar o recordarlo. Incluso vi a mi agresor en muchas otras ocasiones porque éramos del mismo grupo social.

Nunca dije nada.

 

Sentía ira, miedo y verguenza, todo al mismo tiempo

 

Nueve años más tarde busqué a una psicóloga para que me ayudara a detener algunas conductas que tenía hacía mi misma. (En mi mente nada relacionadas a aquella escena en mi vida.)

 

En algún punto de la terapia topamos el tema de mis relaciones pasadas.

 

Entonces fue la primera vez que yo hable al respecto.

Ella me comentó que mi negación a lo ocurrido y mi esfuerzo por olvidarme de ello era una respuesta natural. Al parecer lo hacía para no afrontar situaciones dolorosas.

 

No les puedo explicar cuanto me ayudó sacarlo de mi subconsciente y procesarlo.

“Me arrepiento de no haberlo denunciado”

Nueve años más tarde sentí frustración por no haberlo denunciado. Me arrepentí de nunca haberles contado a mis padres y por haber confiado en las personas equivocadas.

 

Pero lo más importante de todo es que más allá de la frustración por las malas decisiones, hoy me siento lista para hablar de ello. Y hoy impulso a todas las personas para que denuncien el maltrato físico.

 

Hoy ya no me da vergüenza.”

Cristina aprendió después de muchos años a hablar sobre lo que le había ocurrido.

Lo hizo cuando tuvo la fortaleza para hacerlo, cuando se dejó de culpar y cuando tuvo la oportunidad de compartir su historia con personas que la escucharon sin juzgarla.

“Ahora hablo del tema e insisto en denunciar y detener el acaso desde el primer momento”

En los últimos años ella se ha sorprendido al conocer a cientos de mujeres que vivieron experiencias similares o peores a la de ella. Pero ahora ella ya habla al respecto y al hacerlo se siente como una mujer aún más fuerte.

¡Debemos hablar de ello, buscar ayuda y rechazar todo tipo de acoso!

Atentas a conductas y actitudes que nos dan señales de acoso por parte de nuestras parejas o ex parejas. Si llegamos a creer que no ocurrirá nada más que eso estamos equivocadas. Esas actitudes son alertas a las que debemos prestar atención y buscar ayuda.

No debemos aceptar ninguna acción de acoso o insistencia. Nadie puede obligarnos a hacer nada que no queramos y debemos impedir, al primer intento, que las situaciones se repitan, incrementen o empeoren.

 

Con esta historia hago un llamado para mantenernos unidas y apoyarnos.

Prestar atención a lo que estamos viviendo y escuchar atentamente lo que nuestras amigas nos cuentan de sus vidas.

No permitamos que estas historias se repitan, ayudemos a otras a detectar los síntomas de acoso y apoyémonos, defendamos nuestro derecho de tener paz. No dejemos que ninguna de nuestras amigas se sienta avergonzada. Apoyémonos siempre para poner un alto a cualquier tipo de acoso o maltrato.

Hablemos de eso y busquemos ayuda.

Únete a tus amigas y familia.

Infórmate de centros de apoyo en tu región.

Escucha las historias de otras personas y comparte esa información con más mujeres. Juntas nos informamos, nos apoyamos y nos aconsejamos.

Juntas podremos detener el acoso y la violencia.

Lee también la historia de ‘Roxana’ y los sentimientos que ella nos comparte sobre cuando se enteró que su ex también robó y estafó a otras mujeres de una forma similar a como lo hizo con ella.

Finalmente te recomiendo leer La historia puertas adentro del maltrato a la mujer, ahí te propongo hacer un compromiso en contra del maltrato a la mujer al que quiero que te unas.